Me crie a salto entre San Antonio y A Milagrosa. En mi infancia era un asiduo de las fiestas de este último barrio. Eran duraderas y solían repetir su programa, tanto que era capaz de recordar de un año para otro el guion de la misma obra de marionetas. Esa añoranza hace que me interese por lo que sucede con estas. Me sumo a los que cuestionaron el tufillo político que tuvo el prólogo de las de este septiembre, con el erróneo nombramiento —subsanado— de una concejala popular como pregonera. Algo desacertadamente común a otras que se celebran en la ciudad. Y me sorprendió que la presidenta de la asociación de vecinos de otro barrio fuese quien presentó la solicitud ante el Concello de Lugo para la instalación de las barracas, aunque los que corren con la organización sean empresarios de la zona. Mientras esta directiva vecinal ha traspasado su jurisdicción, sus homólogos de A Milagrosa, promotores antaño, se han quedado de brazos cruzados.
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