La «cuesta de septiembre» ya no es una metáfora periodística, sino que se ha convertido en una carrera de obstáculos en la que cada factura pesa más que la anterior y el salario rinde menos. La inflación galopante ha conseguido que incluso quienes logran ahorrar algo tengan cada vez más dificultades para llegar a fin de mes. La cesta de la compra, la energía, la vivienda y, ahora, la «vuelta al cole» conforman una tormenta perfecta. Para muchas familias significan más de 500 euros por alumno en el desembolso inicial y hasta 2.500 euros durante el curso, lo que convierte la educación en otra fuente de tensión familiar. Los hogares tienen menos ocio, menos vacaciones, menos actividades para los hijos y menos capacidad para afrontar imprevistos. Si la economía crece pero los hogares viven permanentemente al límite, algo está fallando. Y septiembre se encarga, cada año, de recordárnoslo.
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