Durante los últimos meses hemos hablado mucho de la falta de vivienda en Baleares. De planeamiento, de suelo, de costes de construcción, de densidades, de infraestructuras y de la necesidad de encontrar nuevos modelos residenciales.
Pero existe otra consecuencia de la escasez de vivienda de la que quizá hablamos menos: empiezan a faltar trabajadores porque quienes podrían ocupar determinados puestos no encuentran dónde vivir.
Esta semana conocíamos el caso de una empresa constructora de Mallorca que había decidido habilitar dos viviendas para alojar a trabajadores y evitar que abandonaran la isla. Podría ser una simple anécdota, pero, por desgracia, a estas alturas ya no lo es.
El acceso a la vivienda se convierte así en un problema económico. La dificultad para encontrar trabajadores cualificados afecta a sectores muy diferentes, como la construcción, la hostelería, la restauración o la agricultura, y alcanza también a nuestros servicios públicos.
Médicos, enfermeros, profesores, policías y otros empleados públicos desplazados se encuentran con una dificultad añadida cuando obtienen una plaza en Baleares: encontrar una vivienda que puedan pagar.
Y cuando una persona rechaza un puesto de trabajo porque el salario que va a percibir no le permite alojarse razonablemente en el lugar donde debe desempeñarlo, la vivienda deja de ser únicamente un problema residencial y se convierte también en un problema para el funcionamiento de nuestra economía y de nuestros servicios esenciales.
No es la primera vez que Baleares se enfrenta a una situación parecida, esto ya ocurrió durante el boom turístico.
Durante los años sesenta y setenta, el rápido desarrollo turístico de Baleares generó una necesidad de trabajadores que la población de las islas no podía cubrir. Miles de personas llegaron entonces desde distintos lugares de España para trabajar fundamentalmente en el sector turístico, la construcción y los servicios.
Las empresas tuvieron que buscar fórmulas para alojar a aquella mano de obra y aparecieron, entre otras soluciones, las conocidas viviendas o alojamientos para el personal. Y sucedió algo comprensible, que muchos de aquellos trabajadores, que inicialmente habían venido a trabajar de forma temporal, se quedaron.
Se establecieron en las islas, formaron familias, tuvieron hijos y pasaron a integrar nuestra población residente.
Aquella inmigración laboral explica en buena parte el extraordinario crecimiento demográfico de las Baleares durante esas décadas. Y ese crecimiento exigió después construir viviendas, colegios, hospitales, carreteras y redes de abastecimiento y saneamiento: todo aquello que necesita una población que ya no solo trabaja en un territorio, sino que vive en él.
Sesenta años después volvemos a hablar de alojamiento para trabajadores
Nuestra legislación empieza de nuevo a incorporar soluciones específicamente dirigidas a facilitar alojamiento a determinados colectivos profesionales.
La legislación turística balear permite que los establecimientos turísticos dispongan de alojamiento destinado exclusivamente a su personal empleado y directivo.
La normativa urbanística ha incorporado también mecanismos que permiten destinar determinados inmuebles a alojamientos para trabajadores del sector turístico.
Y la legislación de vivienda contempla la figura del alojamiento dotacional, destinada, entre otros colectivos, a empleados públicos desplazados para atender necesidades sanitarias, docentes o de seguridad.
Incluso se han puesto en marcha proyectos específicos de alojamiento para empleados públicos en Ibiza y Formentera, precisamente por las dificultades existentes para cubrir determinadas plazas.
El legislador, por tanto, ya ha identificado el problema. Pero las figuras previstas siguen siendo parciales, se dirigen a colectivos concretos y no siempre cuentan con un desarrollo suficientemente ágil para convertirse en soluciones reales a la escala que necesitamos.
Quizá haya llegado el momento de preguntarnos si debemos avanzar hacia un verdadero modelo de alojamiento laboral, con las necesarias garantías necesarias y sin que llegue a sustituir el acceso ordinario a una vivienda.
Porque facilitar alojamiento puede ayudarnos a resolver un problema inmediato, pero abre otro interrogante: la mano de obra puede ser temporal, pero ¿lo son también las personas?
Si nuestra economía necesita atraer trabajadores de fuera de las islas, tendremos que facilitar que puedan alojarse y habrá que asumir que una parte de ellos decidirá quedarse, como ocurrió hace sesenta años. Y entonces dejarán de necesitar un alojamiento vinculado a su puesto de trabajo para necesitar una vivienda. Quizá formen una familia, tengan hijos y necesiten colegios, centros de salud, transporte, y los servicios básicos de cualquier barrio consolidado.
Pasarán así a formar parte de la ciudad y de la sociedad que estamos planificando. Y volvemos así a una cuestión que aparece recurrentemente cuando hablamos de vivienda en Baleares y que hemos ido comentando en los artículos anteriores: la planificación. Porque no podemos planificar solamente la vivienda que necesitamos hoy.
El alojamiento laboral puede ser una herramienta necesaria, y el alojamiento dotacional también. Pero tendremos que explorar nuevas fórmulas que permitan que aquellas personas que necesitamos para sostener nuestra economía y nuestros servicios públicos puedan vivir dignamente en las islas, más allá del vínculo con un puesto concreto.
Estas medidas deben formar parte de una reflexión mucho más amplia, porque existe una relación que no podemos ignorar, nuestra economía necesita trabajadores. Si no disponemos de suficiente mano de obra, tendremos que atraerla y, para atraerla, necesitamos alojamiento.
No estamos cuestionado ese crecimiento ni simplificamos un debate que es muy complejo, sino que apuntamos a la vía de actuación para anticiparnos, y no es otra que la planificación urbanística.
Reflexión final
Hace sesenta años Baleares necesitó trabajadores para hacer posible una profunda transformación económica. Miles de personas llegaron para trabajar y muchas acabaron construyendo aquí su hogar, su familia y su vida.
Hoy volvemos a necesitarlos y volvemos a preguntarnos dónde podrán alojarse.
Quizá deberíamos mirar nuestra propia historia antes de responder, porque facilitar alojamiento puede resolver la necesidad laboral de hoy, pero, si queremos que nuestro modelo económico y territorial sea sostenible, tendremos que preguntarnos también dónde vivirán mañana quienes hoy necesitamos que vengan.
Porque detrás de cada trabajador que necesitamos atraer hay una persona que puede decidir quedarse. Y prever la vivienda, las infraestructuras, los servicios y la ciudad que necesitará entonces también es urbanismo.
(0)Comments