En este contexto, el periodismo afronta un desafío superior aún a la transformación económica y tecnológica que aborda desde hace años. Está sometido a una prueba moral. Se trata de sostener estándares en un entorno que empuja a rebajarlo, de imponer el criterio frente a la aceleración, de proteger el rigor cuando las reglas de la distribución digital promueven lo contrario, de seguir jugando en el terreno de la credibilidad y no en el de la atención. La IA puede convertirse en una herramienta extraordinaria para mejorar el periodismo si su foco está puesto en el impulso de la calidad y no solo en la velocidad o el volumen. Ya hay numerosos ejemplos de extrapolación de datos y asombrosas narrativas visuales en medios periodísticos. El valor siempre estará en la obtención de información propia, en la investigación, en el criterio, la responsabilidad, el contraste de la información, la verificación, el contexto, la credibilidad o la confianza. Una sociedad puede sobrevivir a la incertidumbre, a la crisis o al conflicto, pero difícilmente puede soportar que desaparezca la verdad como referencia compartida.
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