Es sábado por la tarde. El teléfono pita con un mensaje que, en principio, parece de la hornada de envíos masivos que el personal hace circular cuando anda estimulado en alguna peligrosa sobremesa. El texto es el de un ciudadano indignado. "Estoy hasta las narices de que me trate de tú el empleado imberbe y vestido con un polo multicolor de la sucursal del banco. Que me digan 'cariño' a la hora de pagar en el supermercado, o incluso un 'claro que sí, guapi' en la cola de la perfumería cuando pido ayuda para seleccionar un producto. El camarero del bar de franquicia no sabe si soy 'familia' de los que están conmigo o si son unos clientes de Murcia. Y chirría en los sentidos el 'chicos' con el que se saluda para solicitar la comanda a cuatro señores con traje y aspecto de haber hecho la mili hace ya muchos años. En todo el día es casi imposible que te traten de usted, que no es ni humillación, ni distancia, ni altivez, ni una fórmula pasada de moda. Es sencillamente mostrar un respeto. El respeto de tratar con prudencia a quien no conoces, del que no sabes si ha tenido un mal día o viene del entierro de un amigo. Es la prudencia de no fingir una amistad tan falsa como la de las redes sociales. Es la consideración con quien entra en tu negocio a sentirse atendido con corrección. Tratar de usted es el elogio de lo sólido. Pero ya es una batalla inútil. Como todas las verdaderas. Borges decía que tenía varios amigos íntimos con los que se veía dos o tres veces al año y se trataban de usted".
Pregunto quién es el autor del texto. "Es mío, me he desahogado porque lo necesitaba". Recuerdo entonces la opinión de una experta en lenguaje como la catedrática Lola Pons. "Los principales defensores del tuteo son los regímenes fascistas". O la opinión del fino observador Eusebio León: "En Sevilla sufrimos una maldita idealización de la simpatía". La igualación por abajo es una mala inversión. Baste un ejemplo: los profesores se rebajaron en su día y ahora son víctimas de la pérdida de la autoridad. La sociedad española respira aún por la herida de un régimen autoritario del pasado. Los toros, la Iglesia, el usted, la bandera... Son símbolos que se siguen interesadamente asociados a una facción. Los políticos hablan mal, se comportan como forofos, embisten en las tribunas donde antes paralamentaron Castelar o Cánovas. Pero no tienen la culpa en exclusiva. ¿Cuántos clientes de un bar o de una tienda son los primeros que no tratan con corrección a quien debe atenderles? Esto es cosa de dos partes, olvidé decir al ciudadano de la epístola. Es de macarra tratar de tú a un señor de ochenta años en una conocida librería, de eso no hay duda. Pero cuidado con el usted, que cuando no es natural puede ser un arma o una muestra de irrisorio servilismo. Recuerdo a un tuteador que cuando fue llamado para una elevada responsabilidad rompió a hablarle de usted a su poderoso interlocutor. Já. Al final, ejemplos aparte, todo depende del tono, ese "elemento suprasegmental del lenguaje", como se enseñaba en las aulas cuando a los profesores se les trataba con el debido respeto. Como al camarero, que te puede hacer feliz un mediodía.
(0)Comments