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David Izquierdo

El método Vallejos

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En política hay quienes ocupan cargos. Y luego están quienes los convierten en trabajo. Parece una diferencia pequeña, incluso demasiado sencilla. Pero con los años uno aprende que un cargo puede servir para muchas cosas: para aparecer en una fotografía, acudir a un acto, pronunciar discursos o engordar un currículum político. También puede servir para algo bastante más importante: trabajar. Y ahí es donde aparece Jimena Vallejos. Hablar de política juvenil suele llevarnos a los tópicos de siempre. Que los jóvenes son el futuro, que hay que escucharles, que necesitan más protagonismo. Frases que se repiten tanto que han terminado convirtiéndose en una especie de decoración obligatoria de cualquier discurso político. Lo difícil viene después. Lo difícil es salir de la sede, recorrer los municipios y demostrar con hechos que esas palabras significaban algo. Vallejos parece haber escogido precisamente ese camino. El de hacer. Y quizá por eso merece la pena hablar del método Vallejos. Porque su manera de entender Nuevas Generaciones no parece consistir en esperar a que los jóvenes se acerquen a la organización. Consiste en salir a buscarlos. En estar en los municipios, conocer a los equipos, recorrer territorio, hablar con jóvenes y, sobre todo, aparecer. Puede parecer sencillo, pero no lo es. La política de calle tiene una característica que no tiene la política de despacho: obliga a estar presente de verdad. Una reunión, una fotografía o una publicación en redes pueden generar durante unas horas la sensación de que algo está ocurriendo. Pero una organización juvenil no se construye así. Se construye cuando alguien decide desplazarse a un municipio, sentarse con un grupo de jóvenes, escuchar qué está pasando y volver después. Una y otra vez. Sin esperar necesariamente una recompensa inmediata. Ahí está, a mi juicio, una de las principales virtudes de Jimena Vallejos: la constancia. Porque hacer política cuando llegan las elecciones es relativamente fácil. Lo complicado es trabajar cuando todavía faltan meses para que alguien vuelva a pedir el voto. Es precisamente entonces cuando se construyen las organizaciones, cuando se crean equipos y cuando se consigue que las personas que hoy están en segundo plano puedan convertirse mañana en protagonistas. La llegada de Ignacio Dancausa ha contribuido, sin duda, a que Nuevas Generaciones recupere ambición y deje atrás parte de ese estancamiento que durante un tiempo parecía acompañar a la organización. NNGG vuelve a aspirar a ocupar el espacio que le corresponde como una de las grandes organizaciones juveniles del Partido Popular. Pero una dirección nacional puede marcar una línea; el territorio es quien tiene que convertirla en realidad. Y en Cataluña esa tarea tiene un nombre: Jimena Vallejos. Lo interesante de su trabajo no está únicamente en dónde aparece, sino en cómo aparece. Con cercanía, con presencia y con una voluntad evidente de construir desde abajo. Porque una organización juvenil no crece solamente incorporando afiliados. Crece cuando consigue que alguien que nunca se había planteado participar en política encuentre un motivo para hacerlo. Y eso no se consigue desde un despacho. Se consigue hablando, escuchando, convenciendo y volviendo al día siguiente. Quizá por eso el trabajo de Vallejos empieza a llamar la atención más allá de Cataluña. Cuando una organización comienza a tener presencia territorial real, esa presencia termina notándose. Y no hay nada más difícil de esconder que el trabajo constante. Puedes esconder una opinión, maquillar un discurso o vender una imagen durante un tiempo, pero no puedes fingir durante demasiado tiempo que has estado donde no has estado. La calle termina hablando. Y Cataluña es suficientemente grande como para comprobarlo. Por eso creo que sería injusto reducir a Jimena Vallejos a un cargo dentro de NNGG. Su verdadero valor político, si el tiempo termina confirmándolo, estará precisamente en lo que sea capaz de construir durante estos años: una estructura, un equipo y una generación de jóvenes comprometidos con la organización y capaces de llevarla a lugares donde durante demasiado tiempo la política se ha limitado a mirar desde lejos. Eso es hacer política territorial. Y también es hacer política juvenil. Porque los jóvenes no viven solamente en las grandes ciudades. Tienen problemas en los pueblos, en los barrios y en los municipios pequeños. Tienen inquietudes diferentes y necesitan que alguien se siente con ellos y les pregunte qué piensan. Vallejos parece haber entendido algo que a veces olvidan incluso quienes llevan muchos años en política: la gente no quiere que le hablen constantemente de política; quiere que la política le escuche. Y escuchar obliga a salir. A moverse. A conocer. A equivocarse también. Pero, sobre todo, a estar. No hace falta coincidir con Jimena Vallejos en absolutamente todo para reconocer su trabajo. Ni siquiera hace falta compartir sus ideas políticas. En democracia también deberíamos ser capaces de reconocer el esfuerzo cuando lo vemos. Y el trabajo de Vallejos se ve: se ve en la calle, se ve en los municipios, se ve en la actividad de Nuevas Generaciones en Cataluña y se ve, sobre todo, en una manera de entender la política que no parece conformarse con ocupar una responsabilidad. Quiere construir algo. Quizá ese sea el verdadero método Vallejos. No esperar, sino salir. No hablar de territorio, sino recorrerlo. No hablar de jóvenes, sino escucharlos. No limitarse a ocupar una responsabilidad, sino convertirla en trabajo. Porque al final la política tiene mucho de eso. De estar cuando nadie te está mirando. De hacer kilómetros cuando nadie los va a contar. De sentarte con personas que probablemente nunca saldrán en una fotografía. Y de seguir trabajando incluso cuando todavía no sabes si todo ese esfuerzo dará sus frutos. Los resultados llegarán. O no. El tiempo pondrá a cada uno en su sitio. Pero hay algo que ya puede reconocerse: Jimena Vallejos está trabajando. Y en una política donde a veces sobran los cargos y faltan las ganas de ejercerlos, no es un detalle menor. En política hay quienes tienen un cargo. Y luego están quienes hacen que ese cargo tenga sentido. Ese, quizá, sea el método Vallejos.
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