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A pesar de que el panorama mundial actual deja mucho que desear, en vista de que se exhiben genocidios y crímenes de lesa humanidad sin el más mínimo pudor mostrando el odio que una parte de la humanidad usa como su incentivo diario, también hay una cara de la moneda que podría hacer nuestro paso por este planeta más prometedor.
Mientras unos pocos viven a costa del desorden, la depredación y las guerras, existen científicos y comunidades mostrando evidencias de que se puede bajar la temperatura de las ciudades y limpiar la calidad del aire sembrando más árboles. Un estudio publicado en 2025 en la revista npj Urban Sustainability encontró que un aumento del 10 % en la cobertura arbórea reduce la temperatura del aire en 0,8 °C, y un incremento del 30 % puede reducirla hasta 1,5 °C en zonas propensas al calor. La vegetación urbana no es un adorno: es infraestructura climática.
El sargazo, esa macroalga que en 2025 alcanzó 38 millones de toneladas flotando en el Atlántico y el Caribe—casi el doble del récord anterior—, también está encontrando usos inesperados. Proyectos dominicanos como SOS Carbon y Origin by Ocean han sido seleccionados por el BID y BID Lab para transformar el sargazo en bioestimulantes agrícolas, alimentos para animales, cosméticos y productos libres de arsénico mediante biorrefinerías patentadas. Otras iniciativas exploran su conversión en biogás, fertilizantes, bioplásticos y biomateriales para construcción. En el INTEC, investigadores han demostrado cómo el sargazo puede convertirse en bioplásticos, fertilizantes y materiales de construcción. Lo que para muchos es basura, para otros es biomasa útil.
Sin embargo, la frase común es decir "no somos Suiza", quitándole al dominicano cualquier deseo positivo o iniciativa hacia ninguna convivencia en armonía, tanto con el medio ambiente, como entre las y los ciudadanos.
Mientras tanto, las autoridades dominicanas se consumen en invertir en su imagen personal a un punto que ya se está normalizando entre comentaristas y personas influyentes en los medios, decir que tal o cual acción o situación no está bien o no debe permitirse porque eso "afecta la imagen" de la o del funcionario en cuestión. ¿Dónde está la época en la que las buenas acciones y la eficiencia era la mejor carta de presentación?
La comunicación política le ganó a la política y ahora todo se basa en simular y tener mercenarios cacareando lo bueno/a que eres.
Pero, lo más tremendo es que esto no solo aporta a la desafección de muchos que no ven los avances que se predican, también deja al descubierto la poca capacidad de análisis de la sociedad en sentido general, en contraste con la supuesta sociedad de la información en la que vivimos.
Todas esas pruebas y acciones positivas, que nos llegan en titulares más que todo internacionales, no logramos verlas en acción y ese vacío nos hace sentir, a quienes nos preocupamos por el entorno, que nos estancamos como país en cuanto a buscar soluciones reales a temas que realmente nos afectan a todos: la basura, la contaminación, la falta de parques, el detrimento de los ríos y la mala calidad del agua y el aire. Es decir, lo que realmente aporta a la salud.
Vemos positivo que, según noticias de la CAASD, se han retirado varias toneladas de desechos sólidos de cañadas en el Gran Santo Domingo—ropa, colchones, plásticos, envases—que obstaculizan el curso del agua y agravan el riesgo de inundaciones, recuperando así cerca de 25 kilómetros de cañadas. Sin embargo, como ha reconocido la propia institución, "ningún sistema de saneamiento puede resistir el volumen de basura que se arroja cada día". Es decir, limpiar y sanear es posible, pero no hemos alcanzado el punto en que sea suficiente; no hay reglas claras, régimen de consecuencias ni control que impidan que dichas zonas vuelvan a estar igual.
Y no es que falten iniciativas. República Dominicana ha lanzado proyectos como Plastic Reboot, que busca evitar que más de 11.000 toneladas de residuos plásticos lleguen al entorno en los próximos cinco años. No obstante, esto fue en diciembre del año pasado y, a la fecha, no hemos visto ninguna medida que prevenga el deterioro de los espacios públicos como ríos, parques y playas, más allá de la voluntad personal de quienes pasamos por ahí. Al contrario, se han incrementado las denuncias sobre la inconsciencia de quienes van a estos lugares y dejan todos sus desperdicios.
Lo mismo sucede con la Hoja de Ruta para reducir la contaminación por plástico que aspira a disminuir los plásticos desechados en ríos, lagos y océanos de 244.000 toneladas en el año 2022 a solo 18.000 en 2040, lo triste es que estamos en un vacío legal, según El Observatorio Nacional para la Protección del Consumidor (ONPECO), que exhortó recientemente al Congreso Nacional a fijar una fecha definitiva para el desmonte del plástico de un solo uso y el foam.
Y así aparecen varios acuerdos, iniciativas y proyectos con finalidades muy nobles respecto al medio ambiente, el problema es que no se convierten en una política central del gobierno, todo se queda en papeles y, al mismo tiempo, se desconoce el destino para el supuesto reciclaje gracias a dichas iniciativas.
Para colmo, estas cosas terminan pasando a un último plano cuando cada vez hay más personas en el país luchando por sobrevivir y torear la situación económica, con el alto costo de la vida: comida, electricidad, gasolina, educación, medicinas, vivienda, tasas de intereses, etc., entre más calamidades, que lo menos que les importa es donde va a parar la botella plástica de agua que consumen.
Creo que hay espacio para el optimismo, y que las condiciones están dadas para que la humanidad deje el egoísmo a un lado acabando con las guerras y la depredación del planeta, pero al mismo tiempo, en nuestro pedazo de isla, a seis años viendo que este Gobierno echa para atrás todas las cifras que iban en mejora, a pesar de que aún no llegábamos al Estado de Bienestar que soñamos, es evidente que esta gente nos ha hecho coger por el camino de piedra y no confío en alcanzar bienestar común con el PRM al mando, porque aunque ahora los parques nacionales tienen títulos, la tala de árboles, el saqueo de material en los ríos, las barcazas de Azua, la contaminación de las presas, entre otros, evidencian una falta de compromiso real con los recursos naturales.
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