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Unai Beroiz

Ceuta: miedo, bulos y deshumanización como arma política

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Lo ocurrido en Ceuta a finales de julio fue una situación extraordinaria y un drama humano. Más de 70.000 personas entraron desde Marruecos en apenas dos días. La ciudad ha sufrido una enorme presión sobre sus recursos y servicios y tuvo que afrontar problemas reales de acogida y seguridad. Esos problemas deben abordarse sin duda. Pero también hay que mirar cómo se ha utilizado la crisis políticamente. Las redes sociales fueron protagonistas antes y después de la llegada. Antes, ayudaron a movilizar a miles de personas hacia la frontera. La investigación policial ha documentado mensajes difundidos en Instagram, TikTok, Facebook y después en grupos de WhatsApp como 'Han abierto la puerta esta mañana' o 'Bajaros todos a Castillejos, somos mil y entramos'. Sabemos por lotanto que las redes fueron una herramienta de convocatoria. Lo que todavía necesita aclararse es qué papel jugó Marruecos. Posteriormente, las mismas redes se convirtieron en un enorme altavoz político. El salto discursivo fue pasar de hablar de 'inmigración irregular' a hablar de 'invasión', 'ataque', 'guerra híbrida' y amenaza para la seguridad nacional. Vox llevó este marco hasta el extremo. Figaredo llegó a hablar de 'cazar' a los 'invasores'. El PP de Tellado refrendó: 'Que no quede ni uno'. A ese discurso se sumaron bulos, imágenes falsas y vídeos descontextualizados. Imágenes de Turquía se difundieron como si fueran de Ceuta. Disturbios ocurridos en Toulouse se presentaron como ataques de migrantes. Vídeos antiguos volvieron a circular como actuales y una imagen manipulada con IA convirtió un trozo de madera en un supuesto gato muerto. Primero se les quita la condición de personas; después resulta más fácil justificar el rechazo, la expulsión o incluso la violencia contra ellos. Un mensaje político provoca miedo o indignación, las redes lo amplifican (los algoritmos premian los mensajes extremos, emocionales o provocadores que logran más interacción) y los bulos aportan imágenes que parecen demostrarlo. El contexto desaparece y miles de personas terminan convertidas en una amenaza colectiva. El Observatorio del Racismo y la Xenofobia registró 9.590 mensajes de odio en solo 48 horas; el 68% se dirigía contra personas del norte de África y el 40% utilizaba expresiones deshumanizadoras. Pero la realidad era y es mucho más compleja. Más de 63.000 personas regresaron a Marruecos en las primeras 72 horas. Después se produjeron miles de retornos voluntarios y expulsiones. Para quienes permanecen, el Estado ha habilitado más de 3.400 plazas adicionales, prepara otras 3.000 y ha instalado un campamento temporal en el puerto para cerca de 1.000. Además, 1.612 menores están dentro del sistema de protección. Los subsaharianos que huyen de la guerra seguramente tendrán más opciones de asilo pero habrá que estudiar cada caso. Lo heavy es que, visto lo visto, cualquier futuro drama puede convertirse en la misma herramienta de confrontación. La inmigración irregular plantea problemas que deben resolverse, principalmente a escala europea. Lo que no necesitamos es convertir esos problemas en miedo ni a las personas en enemigos. Ahora son los inmigrantes, mañana quienes discrepen políticamente, periodistas, organizaciones sociales o cualquier grupo presentado como una amenaza. La derecha ha demostrado de lo que es capaz por lograr nuevos votos.
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