Cada día el panorama energético colombiano se torna más preocupante. Se está configurando una tormenta perfecta por efecto del clima, la situación financiera del sector eléctrico y la herencia maldita de la política energética del gobierno pasado que nos puso a importar gas, cada día más caro. El punto de partida es el cambio climático. De acuerdo con el Ideam, una ola de calor está afectando severamente al país. En 48 municipios del Caribe se registraron las temperaturas más altas históricas el mes pasado. Esto explica por qué la demanda de energía eléctrica en la Costa aumentó 9,1 % en agosto. Para responder a esa demanda, la generación de energía alcanzó también su máximo histórico. Nunca se había consumido tanta electricidad en el país como a las 7 p. m. el pasado 28 de agosto. Y a esa hora solo cuentan las hidroeléctricas y las térmicas, pues aún no tenemos cómo almacenar energía solar. Otra variable climática de gran relevancia es el aumento de 2,6 grados por encima de la media en la temperatura promedio en la superficie del océano Pacifico. Este hecho confirma la existencia del fenómeno de El Niño, que con una probabilidad de 95 % será de alta intensidad, es decir, con fuertes sequías y mucho más calor. Esto ya se está sintiendo, por ejemplo, en Antioquia, donde los aportes hídricos a los embalses en agosto estuvieron por debajo de la mitad de la media histórica. Ante la escasez de agua es indispensable generar más energía con gas, cuando este año la producción ha caído 11,6 %. Por ello, hoy Colombia importa 30 % del gas natural que consume, justo cuando debido a la crisis en el estrecho de Ormuz su precio se ha duplicado en el mercado europeo. En estas condiciones el país tendrá más demanda de energía por causa de las altas temperaturas que se esperan, no tendrá suficiente agua en los embalses y necesitará más gas para aumentar la generación térmica. Pero, además, hay un problema financiero. Por cuenta de las pérdidas de las empresas distribuidoras (en el caso de Air-e las pérdidas son de $ 400.000 millones mensuales), a los generadores de energía se les ha dejado de pagar. Como las deudas con el mercado ya llegan a $ 4 billones, las generadoras no quieren firmar contratos de suministro a futuro (con la poca energía disponible). Por ello, el mercado está cada vez más expuesto a los precios que se fijan diariamente en la bolsa, que ya están por el orden de mil pesos por kW/h —cuando lo normal es menos de la mitad—, y se estima que se puede llegar a dos mil pesos por kW/h muy pronto. El país parece abocado a un racionamiento, con tarifas eléctricas significativamente más altas, en medio de una sequía que afectaría la producción de alimentos y aceleraría la inflación. Esta es la tormenta perfecta que hay que evitar o, por lo menos, mitigar. La ministra de Minas está haciendo su tarea buscando la disponibilidad de gas, la logística de otros combustibles y que se reactiven los contratos en un mercado donde nadie quiere comprometerse a suministrar energía a finales de año. Pero esto es insuficiente, la solución al problema tiene un componente financiero, pues hay que pagar deudas y, sobre todo, dar garantías que aseguren que los contratos que se firmen ahora se van a pagar. Como la plata tiene que salir de alguna parte, hay que pensar en una sobretasa, que es lo que nadie quiere oír. Pero mejor una sobretasa modesta hoy que facturas que vengan por el doble o el triple en unos pocos meses. Esta es una tarea principalmente del Ministerio de Hacienda. También es indispensable comenzar a ahorrar energía y lograr que los embalses tengan más agua antes de que llegue El Niño. Estas medidas son impostergables y las debe liderar el propio Presidente. Colombia ya tiene experiencia en la materia, castigando consumos excesivos y lanzando campañas para cambiar el comportamiento de los hogares y empresas. A apagar luces, porque '¡desde septiembre se siente que viene diciembre!'. MAURICIO CÁRDENAS En X: @MauricioCard (Lea todas las columnas de Mauricio Cárdenas en EL TIEMPO aquí)
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