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Ricardo Luna

OPINIÓN/ La entidad 'República Árabe Saharaui Democrática' – RASD y la publicidad engañosa - El primer periódico digital del Perú

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Para la ONU, que es lo mismo que para la humanidad, el problema del Sáhara debe acabar, y por eso ha apostado con puro pragmatismo, por la autonomía… Siempre debemos reconocer el impacto histórico que tuvo el fenómeno de la descolonización y el derecho a la libre determinación de los pueblos, referidos en diversas resoluciones de la ONU. Pero eso es muy distinto a querer persuadir a la opinión pública, vinculándolos con un único y obligatorio resultado: la independencia, de tal manera que, cualquier otro, será tildado de nulo o antijurídico, como se desprende del artículo 'La República Árabe Saharaui Democrática y la continuidad de la política exterior peruana' (Diario La República, 29.08.26) del excanciller Óscar Maurtua. Lo que no dijo –allí está la naturaleza engañosa del artículo– es que la propia ONU, que el 14 de diciembre de 1960, había emitido la histórica Resolución 1514(XV), llamando a la independencia de las colonias, tan solo 24 horas después -para que no se crea que es una idea reciente-, el 15 de diciembre, aprobó otra, la Resolución 1541(XV), abriendo la cancha, al establecer que el resultado podía ser, además del 'establecimiento de un Estado soberano e independiente(1), la libre asociación(2) o la integración con un Estado independiente(3)'. Hay, pues, tres caminos como resultado, y no solo uno, aceptados por la ONU desde hace más de medio siglo, que es el tiempo de la disputa por el Sáhara. A la luz de la historia y del derecho internacional, objetivamente del lado de Marruecos sobre su Sáhara, y de la realidad política, social y económica en las Provincias del Sur, como también se denomina al Sáhara marroquí, la propia ONU, esta vez por su Consejo de Seguridad, aprobó por mayoría de sus miembros (11 de 15), la histórica Resolución 2797(2025) de 31.10.25., que, siendo coherente y compatible con resoluciones anteriores sobre el Sáhara Occidental, concluyó que las partes: Marruecos, Argelia, el Polisario y Mauritania –la RASD no figura ni en pintura–, negocien 'tomando como base la propuesta de autonomía de Marruecos, con miras a lograr una solución política definitiva que sea justa, duradera y aceptable', que es lo que están haciendo. Hablar de independencia o persuadirla como única posibilidad, confunde y colude contra el marco y el espíritu de la Resolución 2797, al que se ha llegado con pura diplomacia y resiliencia frente a décadas de conspiraciones y violencia contra el reino alauita. Para la ONU, que es lo mismo que para la humanidad, el problema del Sáhara debe acabar, y por eso ha apostado con puro pragmatismo, por la autonomía, el tercer camino como resultado, (propuesto por el Rey Mohamed VI, en 2007), como idónea solución política realista. La referida RASD jamás ha sido reconocida por la ONU –no es nada difícil comprobarlo–, y estando vinculada a grupos extremistas, ¿Cómo podría ser parte de la tradición diplomática peruana, que siguiéramos manteniendo relaciones con una entidad ficticia y no convencional, como sostiene Maurtua? Corregimos y fueron rotas con carácter en 1996 y en 2022. A la fecha, suspendidas, toca romperlas para siempre, así como materializar el anuncio de la Presidenta Keiko Fujimori, de reconocer la soberanía de Marruecos sobre su Sáhara y sumarnos al apoyo planetario del referido plan de autonomía marroquí, abriendo nuestro consulado en Dajla, en pleno Sáhara, que sería lo esperado.
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