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Mercedes Corbillón

Los vecinos en septiembre

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Empiezo septiembre con una reunión de la comunidad de vecinos, que es algo así como que te arrojen al mar después de un agradable paseo en barco. Nada de darte la mano y ayudarte a cruzar la pasarela, qué va, un empujón y a nadar entre orcas enfadadas. Esta ha sido una de las noticias del verano, el ataque de los mamíferos a alegres veraneantes que surcaban las rías, refugio de belleza y, aún, con un clima compatible con la vida. Subido a un yate siempre se está contento, sobre todo si eres hombre y empresario, te puede pasar como al expolítico de Ciudadanos, que expulsando el aire del puro te entren ganas de invadir Polonia y te conformes con 'salvar' Ceuta bebiendo cervezas frescas en cubierta y luciendo barriga ante las cámaras. Importante ese detalle, privilegio de los ricos de otro tiempo que mantienen los señores de bien. Eso sí, ellas tendrán la obligación de ir empequeñeciendo, como si no bastase con estar delgadas. El verano y el ozempic nos han traído imágenes de la tendencia a la desaparición que han acogido algunas mujeres como única manera de estar en el mundo. En fin, que mis vecinos son bastante normales, pero es hacer una junta y que aparezcan los perfiles creados por los guionistas hasta el punto que uno no sabe si está viviendo algo real o está representando un episodio piloto de la próxima temporada de La que se avecina. El resultado es siempre el mismo, enemistades viejas o nuevas más o menos disimuladas y una derrama de la que alguien se llevará una buena mordida. Habría que jugar al cluedo para saber quién es, que los comisionistas no empiezan en los partidos políticos. No tengo motivos para sospechar del nuevo administrador que nos presentó un panorama de susto o muerte, me basta con que sea educado. Mi naturaleza riquiñísima que evita el conflicto en favor de la sonrisa, quedó a un lado para pedir en tono gélido que por favor no se dirigiera a mí en el mismo tono que a la vecina del tercero que es una mezcla entre 'la hierbas' en Aquí no hay quien viva y el personaje de Loles Leon en su secuela, pero se merece todo el respeto. Espero que la chica que estaba a su lado sin abrir la boca, haya anotado en el acta mi petición. Pensaba al salir, además de en vender un riñón para hacer frente a las próximas cuotas, que en el ágora comunal la voz de los hombres ocupa más. Y no necesitan gritar, pueden vecina y vecino decir lo mismo que vendrá el siguiente a dar la razón al segundo. Matemático. Y nosotras empeñadas en ocupar menos espacio, aunque sea corporal.
Los vecinos en septiembre
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