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María José Solano

María José Solano: Besarte la noble calavera

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Al amanecer del pasado 17 de agosto después de recorrer la ciudad entre campanas, oraciones y miles de personas, las reliquias de santa Ágata retornaron a la catedral de Catania, en Sicilia. Se cumplían novecientos años de aquel otro regreso desde la lejana Constantinopla. Ante ... la fachada barroca del Duomo, el arzobispo tomó entre sus manos enguantadas el cráneo de la santa y lo restituyó al extraordinario busto-relicario de plata que lo custodia desde el siglo XIV. Antes lo besaron varios prelados. También el alcalde de Catania, Enrico Trantino. Las fotografías hicieron el resto. «Macabro». «Idolatría medieval». «Ni los incas ni los mayas llegaban a tanto». Hubo hasta quien encontró en el gesto problemas higiénicos. Las redes sociales, ese inmenso congreso internacional del presentismo, dictaron sentencia. Y me van a permitir que insista, para que no se olvide. Nuestros abuelos griegos y romanos ya veneraron restos asociados a sus héroes, y el cristianismo heredó, transformó y multiplicó esa relación física con la memoria, gracias a la cual se trazaron caminos y se construyó Occidente. La ceremonia de Catania era impactante, por supuesto. Debía serlo, pues los rituales existen precisamente para separar durante unos minutos la vida cotidiana de lo excepcional. Me temo que hay algo sintomático que comienza precisamente ahí: cuando perdemos la capacidad de comprender los símbolos y solo nos queda la literalidad. Entonces ya no vemos una reliquia, vemos sólo un cráneo; no vemos un relicario medieval, sino una caja para guardar huesos y desde luego, no vemos un ósculo ritual, vemos a un señor besando un cadáver. Es una mirada supuestamente moderna y, sin embargo, terriblemente primitiva, porque demuestra que la sociedad ha perdido la herramienta intelectual que permite distinguir entre las cosas y aquello que las cosas representan. Se puede contemplar todo eso desde fuera, con escepticismo, incluso, pues para comprender una civilización (aunque sea la propia, como es el caso) no es obligatorio compartir sus creencias. Lo que resulta imprescindible es saber leer sus símbolos, porque cuando una sociedad deja de entenderlos no se vuelve más racional, se vuelve peligrosamente analfabeta.
María José Solano: Besarte la noble calavera
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