Los últimos acontecimientos que se están produciendo en el mundo nos lleva inevitablemente a pensar que se está convirtiendo cada vez más en un lugar inhóspito y solo nos queda entonces dos alternativas posibles: asumir y aceptar o negarse y actuar.
No hace falta insistir en la idea de la historia como elemento cíclico, pero desde luego asumir con ello que los errores de la misma debemos volver a repetirlos está de más.
Si la semana pasada acabábamos con las manifestaciones de supuesta solidaridad con el pueblo ceutí que demostraron ser una forma más de manipular políticamente la violencia, el odio y el contraste social, esta semana comenzamos con la desastrosa noticia de que la extrema derecha arrasa en Sajonia y no de cualquier manera, con casi una mayoría absoluta que les podría llevar a gobernar a nivel regional por primera vez tras la Segunda Guerra Mundial.
Para los que no sean capaces de ver el peligro que supone esa deriva fascista en el mundo, se les podría recomendar un millón y medio de libros y películas sobre el holocausto, sobre el golpe de estado del 36 o, lo más cercano a estos tiempos, la invasión de Gaza o Cisjordania por el Estado de Israel; pero tal vez les interese y les sea más didáctico escuchar lo que tienen que contar los supervivientes de tanta barbarie.
Y si, digo invasión porque efectivamente este último episodio es una invasión, una ocupación ilegal por fuerzas militares sobre un territorio con el uso de la fuerza y el genocidio de su población. Como podríamos hablar de la verdadera invasión que sufrimos la población española en el 36 con esas tropas marroquís franquistas, que sembraron el terror absoluto y la violencia psicológica y física con su represión brutal e inhumana sobre la población civil y especialmente sobre los combatientes republicanos. Entonces fue una invasión, no lo de Ceuta.
Hoy sin llegar al extremo de entonces por el momento, estamos inmersos en una constante deriva de violencia global que inunda todos los escenarios políticos y sociales. Esa discordia civil utilizada como arma política, esa violencia verbal que constantemente escuchamos en las instituciones se replica en las calles como si se tratara de algo normal. Si algo nos ha enseñado la historia es precisamente que esa forma de violencia, de confrontación con el diferente, el de fuera, el pobre, es sin duda la primera de las manifestaciones de maldad humana más temible para la civilización y para la consolidación y avance de las democracias vigentes.
Por ese pasado, por el presente y por el futuro, es importante que quienes aun mantenemos la condición de humanidad no asumamos como normal esa discordia, esa violencia y esa maldad alentada y alimentada por algunos. Hagamos hoy más que nunca ejercicio de memoria y recordemos lo que nos costó acabar con la barbarie, el retroceso, el dolor y el daño que provocan a nuestra civilización. Me vais a permitir una última recomendación para ese ejercicio de memoria: acompáñanos este próximo 9 de septiembre a las 19:00 horas en La Fundación Sierra Pambley para ver el documental de la primera Asamblea General de CCOO y podrás ver como la llegada de la democracia en nuestro país no se consiguió sin pérdidas de libertad, salud y vida; y como el movimiento sindical entonces y ahora fue clave para conseguirlo. No la dejemos caer.
Elena Blasco Martin es Secretaria General de CCOO León
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