Alejandro A. Tagliavini | Estados Unidos
@|¡Larga vida a la ciencia!
En una columna -Brasilia se hace amiga de Pekín- Jake Scott, cuenta que, a finales de julio, Luiz Inácio Lula da Silva, de Brasil, y Xi Jinping, de China, hablaron durante más de una hora. Luego, difundieron su intención de acelerar un acuerdo comercial China–Mercosur. China ya es el mayor socio comercial de Brasil, con un comercio bilateral valorado en USD 188.000 millones.
Por cierto, el libre comercio debería ser establecido unilateralmente por cada país sin necesidad de acuerdos burocráticos, aun así, esto supone un cambio importante para Brasil. Durante años, fue Brasilia quien encabezó toda resistencia a este tipo de acuerdo que libera parcialmente el intercambio.
La guerra comercial internacional iniciada por Trump ha sido el principal catalizador. A finales de julio, entró en vigor un arancel del 25% que cubre una amplia gama de productos brasileños; según el cálculo de la Confederación Nacional Brasileña de Industria, casi la mitad sus exportaciones a los EE.UU. están ahora sujetas a algún tipo de arancel adicional.
Por cierto, el régimen comunista chino, tiránico e inhumano, es indefendible, pero un error grave sería atribuir el notorio crecimiento económico del Dragón Rojo durante las últimas décadas al comunismo, cuando es explicado por la ciencia, no por su ideología.
Con Deng Xiaoping, China inició a partir de 1978 el Gaige Kaifang, o Reforma y Apertura, proceso que emprendió para abrirse al mundo y al sector privado, y creció espectacularmente siendo hoy la segunda economía más grande del mundo.
'No importa si el gato es blanco o negro, sino que cace ratones', fue la frase de Deng marcando que lo que impacta es la realidad, lo que la ciencia propone, las acciones que realmente ejecutan los gobiernos, no las ideologías que expresan.
La explicación filosófica, científica, es simple. El Estado, con su monopolio de la violencia -violencia que necesariamente destruye siempre- impone sus 'leyes', ergo, cuanto menos intervenga en la sociedad, menos destrucción ocurrirá. Así de simple, así de directo sin que importe el discurso político, el 'color del gato'.
Algo similar ha ocurrido en Irlanda, que pasó de ser uno de los países más pobres de Europa a uno de los más ricos y todo este proceso realizado con los mismos partidos políticos populistas que, más allá de sus discursos ideológicos, revirtieron sus acciones y encararon políticas de fuerte reducción del peso del Estado.
Como contraejemplo están los EE.UU. que, con Trump, han encarado un proceso de aumento de la injerencia estatal. Y, en el colmo de la ideologización, Milei que a pesar de su discurso 'ultraliberal' ha aumentado el tamaño del Estado ya que, si bien lo redujo en términos absolutos, a raíz precisamente del aumento del peso estatal -la presión fiscal- el sector productivo, el privado ha caído aún más, con lo que el tamaño relativo -que es lo que cuenta- del Estado en relación con el sector productivo es más grande.
De modo que, así como es un error científico atribuir el fuerte desarrollo económico chino e irlandés a ideologías comunistas o populistas, es un grave error científico atribuir la destrucción de la economía argentina al libre mercado, error que está propagando Milei con su discurso ideológico al punto que hasta el Financial Times cae en el equívoco de atribuir el récord histórico de deuda familiar incobrable a las 'reformas pro mercado' lo que es falso, contrario a la ciencia.
Corolario: las ideologías hoy más que nunca son solo discursos inútiles y engañosos de políticos que, generalmente, no cumplen lo que dicen y que nada tienen que ver con la realidad, con la ciencia.
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