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Fausto Pretelin Muñoz De Cote

¿Todos somos Sajonia-Anhalt?

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Si la Primera Guerra Mundial dejó claro que las civilizaciones son mortales, el final de la República de Weimar demostró que la democracia también es perecedera. Ayer, el partido ultraderechista Alternativa para Alemania (AfD) logró una contundente victoria en el estado alemán de Sajonia-Anhalt. y se queda a tan solo tres escaños para obtener la mayoría en el Parlamento local. Su victoria es global. Festeja Putin, terrorista y presidente de Rusia; celebra Elon Musk, cabeza y financista de algo que se asemeja al FMI o Banco Mundial de los dogmas de extrema derecha. Patalea de emoción Donald Trump, guerrero que sostiene una batalla en contra del Derecho Internacional y de los organismos multilaterales. Por fin, cantarán a coro: Europa podría romperse. Las alarmas tendrían que haber sonado durante toda la noche en Europa. La victoria del AfD representa un duro golpe contra el noble pueblo de Ucrania; pierde la Unión Europea porque el rayo representado por el AfD ha atravesado su basamento: democracia liberal, derechos humanos, libre circulación y medio ambiente. Y obviamente pierde fuerza el canciller Friedrich Merz. El día de hoy el mundo amanece con más odio que ayer. El odio genera beneficios electorales. La estrategia del odio ha catapultado a Ulrich Siegmund al poder en el estado de Sajonia-Anhalt. Él será, muy probablemente, el próximo gobernante de la región; el mismo personaje que es considerado por la revista Der Spiegel como "el hombre más peligroso de Alemania" (21 de agosto). Irresponsables, el libro de Johann Chapoutot, profesor de Historia Contemporánea en la Universidad París-Sorbona, publicado por Alianza editorial, es un ejercicio para "ejercitar la memoria". Frente a discursos de populistas, lo mismo irresponsables como tontos, sobre el nacionalismo, Chapoutot recuerda que Weimar es un significante inagotable. Es la ciudad de los poetas y de los pensadores, de los mecenas y de los músicos, donde vivieron Lutero, Bach, Goethe, Schiller, Wagner y Neizsche, entre otros. 'Lo mejor de Alemania, con la inteligencia de las letras y de las artes, con esa Constitución votada el 31 de julio y esa República nacida el 11 de agosto de 1919', escribe Chapoutot. ¿En qué momento la democracia alemana fue ensombrecida por el odio? Hitler organizó en Weimar, 'como si quisiera lavar la mancha de la democracia y exorcizar aquella maldita Constitución, los primeros congresos del partido antes de decantarse por Nuremberg'. Un grupo de irresponsables llevó a Alemania hacia un proceso deshumanizador. Weimar está aún más presente, nos recuerda el profesor Johann Chapoutot. Para llegar al día de ayer y ver triunfar a la ultraderecha alemana, antes ocurrieron las victorias de Trump en el 2016 y 2024; las de Brasil en 2018, Argentina (2023), Austria (2000), Hungría, Polonia, Países Bajos y Colombia, entre otras. Haciendo un resumen de libros de texto disponibles en la biblioteca de mi instituto, escribe Chapoutot, explicaba que 'el miedo al bolchevismo lleva a los círculos empresariales a financiar el partido nazi' y que fue bajo la presión de esos círculos que el mariscal presidente Von Hindenburg, elegido en 1925, llamó a Hitler a la Cancillería el 30 de enero de 1933'. Lo sabemos, pero nos hacemos como si no lo supiéramos: la guerra contra la democracia liberal no tiene fronteras.
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