Gracias al riesgoso, pero amoroso y compasivo trabajo del colectivo Buscando Cuerpos A.C. que en el año 2023 documentó el hallazgo en la Parotita de 50 cuerpos que ahí habían sido arrojados, los michoacanos pudimos tener noticia de semejante barbarie.
La barranca de la Parotita, ubicada en la Tenencia de Paso de Morelos del municipio de Tacámbaro, ha sido testigo durante más de14 años, primero de la inhumanidad de los grupos criminales que se han disputado el control territorial de la región, y después, de la gran humanidad de madres buscadoras que claman por la identidad de los restos recuperados para que retornen a sus hogares.
El último conteo de huesos sacros localizados llega a 375, pero las estimaciones de cuántas personas pudieron haber sido tiradas ahí asciende a más de mil. Las evidencias detrás de los restos hallados hablan de adultos, menores de edad e incluso de bebés.
La magnitud de la tragedia humana es monumental. No existen palabras suficientes para describir el horror que los grupos criminales protagonizaron para erigir este repugnante monumento a la inhumanidad, a la barbarie y a la muerte. En la Parotita está exhibido el verdadero rostro del crimen organizado, distante años luz de la imagen romantizada que promueve la narco cultura nacional y los discursos que banalizan la criminalidad que controla los territorios haciéndolos aparecer como víctimas de la marginación, la pobreza, la injusticia y merecedores de abrazos.
El significado de estas cifras del horror debe verse a contraluz de la insuficiencia de las políticas públicas y las responsabilidades gubernamentales. Son el resultado de una impunidad consolidada que ha tenido continuidad durante más de 14 años en la región. Sólo la impunidad, que debe entenderse como descarada concesión del permiso reiterado para matar, que supone complicidad por omisión o por comisión, pudo permitir que este infierno mantuviera sus llamas encendidas durante tres lustros.
El tiradero de la muerte de la Parotita, hasta ahora la fosa clandestina con más víctimas de la república mexicana, retrata también las capacidades sanguinarias de los grupos que operan y han operado en la región (Tacámbaro, Madero, Turicato, Nocupétaro, Carácuaro, Acuitzio del Canje), como la Familia Michoacana, los Caballeros Templarios, los Zetas, el Cartel Jalisco Nueva Generación, los Viagras y Pueblos Unidos.
Las instituciones gubernamentales hasta ahora han tenido éxito relativo en sus tareas comunicativas para sofocar de la conciencia estatal el holocausto de la Parotita. Este aberrante fenómeno, que se cierne como amenaza latente contra todos los pobladores de esta zona, que debería ocupar la atención extraordinaria de las instituciones y de la sociedad civil, no ha merecido la atención suficiente de medios, analistas y organizaciones defensoras de los derechos humanos.
La justicia para los cientos de víctimas que yacen en esta barranca se ha tardado en llegar. Hasta ahora no hay registros de criminales detenidos a quienes expresamente se les investigue por su responsabilidad intelectual u operativa en estos homicidios. No solo eso, el Congreso del Estado y el Ejecutivo Estatal han argumentado discrepancias por presupuestos y competencias para la no publicación y con ello operación de la Ley de Búsqueda de Personas del Estado de Michoacán de Ocampo, aprobada por unanimidad desde octubre de 2023.
De los asesinados que terminaron en esta barranca mucho saben quienes han sido detenidos y son pertenecientes a los grupos señalados. De ello saben bastante los Sierra ya detenidos y los capos del CJNG, quienes utilizaban la referencia de esta barranca para amenazar y obtener subordinación de pobladores de Tacámbaro y Madero.
La reconstrucción de lo que pasaba en la Parotita puede hacerse a través de lo que existe en las cabezas de varios de los criminales que están encarcelados. Es muy seguro que de ahí provendrán nombres de personas que fueron mandadas ejecutar para ser tiradas en ese sitio y que facilitarían la identificación de los miles de restos hasta ahora localizados y en manos de la FGR.
El tamaño del silencio y la eficacia de la impunidad echados sobre el holocausto de la Parotita no puede explicarse sin la participación de miembros de la clase política de la región. En esta zona en donde el crimen ha ido de la mano de narco políticos la operatividad a gran escala de la maquinaria de la desaparición solo pudo haberse hecho con el apoyo y protección de políticos.
En la Parotita hay un clamor desgarrador de justicia que busca la compasión de la sociedad michoacana y de los políticos que aún conservan el sentido de honorabilidad, rectitud moral y poseen el sentimiento del deber. La inhumanidad solo puede ser vencida por la compasión de la sociedad que es el motor de nuestra humanidad. Los inhumanos de la Parotita, asesinos y políticos, no merecen las libertades que la sociedad ha construido a lo largo de siglos. Su lugar está en los reclusorios.
Si no hay un compromiso profundo con las madres y padres buscadores, que acompañados de leyes, instrumentos y presupuestos para buscar, identificar, resarcir y hacer justicia, la política anticrimen continuará siendo una farsa. La evidencia de que el crimen ha sido derrotado o acotado vendrá de tres hechos: la caída radical de la tasa de crímenes, de desaparecidos y la liberación de los territorios y la economía.
Cuando la indignación por los tiraderos de la muerte nos mueva al repudio y a la acción; cuando ya no exista un solo tiradero de la muerte será señal de que la sociedad ha avanzado en el camino correcto.
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