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Martín Varsavsky

Margarita y Marlasca, dúo de milicia

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La comparecencia de Pedro Sánchez ante el Congreso de los Diputados el pasado jueves dejó una imagen inédita que se hizo presente el viernes en casi todas las portadas de la prensa española. De entre todos sus ministros y ministras, hubo una que no aplaudió, ni se puso de pie en los momentos destacados del discurso del líder. Fue Margarita Robles, ministra de Defensa, sanchista de primera hora —recuerden su afinidad con el líder en aquella máxima del «No es no. ¿Qué parte del 'no' no han entendido?»— que popularizó el secretario general saliente del partido al que ella no estaba afiliada. Ella confiaba en Pedro: «Pedro Sánchez me llamó para un proyecto de futuro, de regeneración, de una España más justa. Sigo creyendo en ese proyecto». No se puede afirmar que Sánchez confiara una pieza esencial de su Gobierno a la magistrada del Tribunal Supremo. Su hemeroteca recuerda aquella respuesta que dio en octubre de 2014 en una entrevista de El Mundo sobre lo que en su opinión faltaba y sobraba en el Gobierno: «Falta más presupuesto contra la pobreza y la violencia de género» y «sobra el Ministerio de Defensa». Puestas así las cosas, podría habérselo encomendado a Irene Montero o a Yolanda Díaz o al sorprendente Albares o a cualquiera de los otros 22 ministros y ministras de su gabinete, 22 formas seguras de encaminar la gestión del Ministerio hacia la ruina. Es el caso que en esta semana, Margarita Robles era la única ministra que no se mostraba arrebatada por la oratoria del líder. No se sabe qué consecuencias puede traerle en el futuro, aunque en ningún caso serán comparables a las que podía traer a cualquier líder soviético dejar de aplaudir a Stalin antes que los demás. Contaba Alexander Solzhenitsyn en Archipiélago gulag que durante un discurso del líder de la Unión Soviética se produjo una ovación de 11 minutos, y que la primera persona que dejó de aplaudir fue arrestada y encarcelada durante diez años. No es que Margarita está linda la mar se haya convertido en una heroína del socialismo antisanchista, ni siquiera del socialismo a secas, pero en las escalas de la degradación intelectual, política y moral del PSOE en la hora presente no se puede medir en términos absolutos; nunca podré olvidar su responsabilidad en la injustísima condena que mantuvo a Ahmed Tommohui y Abderrazak Mounib tantos años en la cárcel por una violación que no habían cometido, pero todo depende de con quién lo comparemos y a la ministra de Defensa le ha tocado hacer pareja artística con el ministro del Interior, que es, seguramente, el cargo más abyecto del Gabinete Sánchez, aunque hay mucha disputa por el primer puesto en ese podio. La ministra de Defensa se alarmó razonablemente cuando el gañán de la Moncloa prometió desvelar los informes del CNI tal como prometió en su discurso del jueves. ¿Dónde se ha visto que un primer ministro haga públicos informes que comprometen la seguridad nacional? Uno podría aceptarlo si, y solo si, el primer informe en ver la luz fuera el de los datos que Marruecos tiene sobre el material que ocuparon en los teléfonos móviles de Sánchez y Marlasca. A estas alturas es un clamor que en todo el rifirrafe que mantienen los Ministerios de Defensa e Interior tiene razón y dice verdad el que capitanea Margarita Robles. O sea, que entre la tropa sanchista es conveniente acogerse al mal menor. Recordarán que Fernando Grande había propuesto librarse del teniente coronel Antonio Balas por medio de la patada hacia arriba, ascendiéndolo a coronel y obligándolo a dejar el departamento de anticorrupción económica de la Unidad Central Operativa de la Guardia Civil. La ministra de Defensa firmó el viernes pasado el ascenso de Balas, especificando que seguirá al frente de la UCO en comisión de servicio hasta que desaparezcan las causas que la motivan. También nos enterábamos ayer de que el ministro jefe de los poncios arremetía contra la juez de la Audiencia Nacional María Tardón por impedir a los agentes informar a sus superiores sobre sus pesquisas acerca de la invasión marroquí de los días 30 y 31 de julio. Supongo que se le habrá olvidado que, siendo él titular del Juzgado de Instrucción número 5 de la Audiencia Nacional, ordenó a los agentes que investigaban el chivatazo del Faisán que le informaran solo a él de sus pesquisas. Por eso se cargó la carrera del coronel Pérez de los Cobos este tipejo. Hay que decir, sin embargo, que Marlasca cuenta con las simpatías de La Moncloa y de la chusma socialista que difunde para quien quiera oírlo que el verdadero objetivo de Margarita es postularse para seguir como ministra cuando gobierne el PP. No hay quien dé más.
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