(Al teléfono) «¿Es el enemigo? ¿ustedes podrían parar la guerra un momento? Ahora sí le escucho. ¿Ustedes van a avanzar mañana? ¿A qué hora? ¿ ... Entonces cuando? El domingo, ¿pero a qué hora? A las siete estamos todos acostados. ¿Y no podrían avanzar por la tarde, después del fútbol? ¿Y van a venir muchos? ¡Hala, que bestias, yo no sé si habrá balas para tantos, pero bueno, nosotros las disparamos y ustedes se las reparten!».
La última invasión sufrida por Ceuta el pasado 30 de julio en absoluto es asunto que provoque hilaridad alguna en los millones y millones de españoles que aún gozamos (o creemos gozar) de sentido común, con independencia -como siempre trato de recalcar- de nuestra personal tendencia de preferencia sociopolítica y correspondiente voto en urna.
Pero escuchando, leyendo, revisando y analizando detenidamente todo lo concerniente a las posteriores actuaciones, acontecimientos y bandazos de Sánchez y sus ministros en cuanto al «ataque y violación de la integridad territorial de España» (palabras del propio Sánchez), refugiarse en uno de tantos míticos pasajes bélicos del recordado humorista Gila es como encontrar agua bendita para nuestra colectiva y patriótica alma herida en este actual desierto gubernamental central carente de todo fundamento, prestigio y valor presidencial.
¿O acaso no provoca tanto hilaridad como sonrojo propio y ajeno leer titulares del tipo «Comienzan las patrullas de cuatro soldados con un solo fusil en Ceuta tras al menos tres ataques a militares en la ciudad» (elespañol.com)? Ataques y heridas sufridos por nuestros soldados, y también por nuestras fuerzas y cuerpos de seguridad del estado, en las modalidades de agresiones físicas, apedreamientos y cócteles molotov. Ahí es nada.
Para luego seguir escuchando los españoles el infame eufemismo de 'normalidad' empleado por la inmensa mayoría de quienes se sientan en el consejo de ministros. Desde, cómo no, el mismísimo Sánchez con su «el ejecutivo está movilizando todos los recursos necesarios para que la ciudad recupere cuanto antes la plena normalidad»; hasta los ministros Marlaska, Albares, Torres y Sáiz haciendo gala del argumentario monclovita respecto al «refuerzo de actuaciones para recuperar la normalidad en Ceuta».
Una 'normalidad' según el diccionario sanchista y su peculiar conceptualización de nuestra defensa democrática, constitucional y territorial de nuestro país que ha dinamitado por completo la actividad social, escolar y económica de una magnífica ciudad cruce de culturas, ahora derruida por la absoluta inacción de quienes en primer lugar de entre todos los españoles tienen el deber de defenderla, tal y como fija el artículo 30.1 de nuestra constitución: «Los españoles tienen el derecho y el deber de defender a España». Empezando por sus gobernantes, añadiría yo.
Un derecho y un deber que este pasado 2 de septiembre, coincidiendo con la celebración del Día de Ceuta, tornó en un clamor colectivo de apoyo y solidaridad de millones de españoles con nuestra hermana ciudad norteafricana desde miles de plazas de nuestro país, con Santa Ana como epicentro del abrazo grancanario a los ceutíes.
Y una 'normalidad' que no ya sólo ha supuesto la cancelación de la feria anual de la ciudad de los caballas, el cierre temporal o definitivo de cientos de pequeños negocios, el comercio hundido, la ruina económica de miles de emprendedores, la activación de expedientes de regulación temporal de empleos, las serias dudas de poder comenzar el curso escolar o la sobresaturación de los centros sanitarios y sus profesionales, entre tantas otras nefastas consecuencias para los ceutíes.
Sino una normalidad que temo no va a llegar a Ceuta ni esta próxima Navidad. Y de lo cual ya puede Sánchez elaborar una nueva «inventada» dirigida a los niños y niñas ceutíes basada en su filosofía migratoria: «nuestro modelo migratorio no es el modelo del miedo ni del populismo. Y tampoco el de la inocencia. Es el modelo de la ciencia, de la humanidad y de la solidaridad». Ya puestos, que añada «y los Reyes Magos, existir, no existen».
Un desastre psico-social y económico ante la invasión perpetrada desde Marruecos y sufrida por Ceuta de tal magnitud, que hasta CCOO y UGT, a través de sus delegaciones ceutíes, han manifestado en nota conjunta que «frente a la evidencia de una crisis fomentada y/o permitida por las autoridades marroquíes, el gobierno español se ha negado sistemáticamente a reconocer la responsabilidad de Marruecos…postura no sólo inaceptable, sino que envía un mensaje de debilidad a Marruecos y deja a Ceuta en una situación de indefensión».
Continuando su misiva ambas centrales sindicales con un contundente «la respuesta del Ejecutivo ha sido tardía, insuficiente y marcada por la improvisación. Un desfile de ministros y un mando único anunciado prácticamente un mes después de los hechos no pueden ocultar la realidad…además, el impacto económico ha sido devastador».
Exigiendo CCOO y UGT, entre otros, «el reconocimiento de la agresión y firmeza, debiendo reconocer el gobierno español que lo ocurrido los días 30 y 31 de julio fue un ataque a la soberanía española y a su integridad territorial, y actuar con firmeza frente a Marruecos»; así como «el refuerzo de la seguridad fronteriza, debiendo garantizarse un control efectivo de la frontera para evitar nuevas entradas masivas y proteger la integridad territorial española».
Mensajes coherentes de esa «extrema derecha sindical», de mucho sentido común y afortunadamente alejados de aquellos otros que sorprendentemente continúan emanando y lanzando modo tinta de calamar los incomprensibles panfletos o panfletistas del sanchismo (que no socialismo constitucionalista) en su desesperado intento de seguir confundiendo al pueblo de las plazas de «Ceuta no se vende, Ceuta se defiende». Ya ni a sus socios engaña.
Singulares panfletos o panfletistas que ya emplean incluso verborrea de última generación para definir un ataque en cholas a nuestro país. Como en el caso de Silvia Intxaurrondo en 'La Hora de la 1' este pasado martes y su ya histórico «Nos han atacado con un ataque híbrido algorítmico». Aderezándolo con un sonoro «¡piénsenlo!» cual orden militar transmitida de parte del 'estado mayor' a su audiencia matutina.
Claro que sí, mi niña. Con el mismo ataque híbrido algorítmico, chola en mano, con la que desde la ventana de casa y de pequeño me decían «¡o subes ya o yo no sé qué hago contigo!», cuando yo lo único que quería era seguir jugando al fútbol en la calle aunque fuera tarde y de noche, y a pesar de las quejas vecinales por los balonazos contra la pared.
O con el mismo ataque híbrido algorítmico que describía Gila: «¿Es la fábrica de armas? Para un asunto de reclamaciones. Que de los seis cañones que mandaron ayer, vienen dos sin agujeros. Y estamos disparando con la bala por fuera. Al mismo tiempo que uno aprieta el gatillo, otro corre con la bala. Pero se cansa y la suelta». Lo dicho, reir por no llorar.
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