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Irasema Andrés Dagnini

Inversión Extranjera Directa en México, el récord que no genera empleo nuevo

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Del 8 al 10 de septiembre se llevará a cabo en Nueva York el Mexico Investment Week 2026, organizado por la Secretaría de Relaciones Exteriores. Se trata de la ventana más importante del año para promocionar al país ante la comunidad financiera internacional. El objetivo oficial es posicionar a México como un destino clave para proyectos de energía, infraestructura, gestión del agua y nearshoring, justo en la antesala de la revisión del T-MEC. El contexto parece inmejorable para presumir cifras, pero resulta profundamente retador para convencer a los capitales. México cerró 2025 con una cifra histórica de Inversión Extranjera Directa (IED) de 40,871 millones de dólares (mdd), un incremento de 10.8% respecto a 2024, de acuerdo con el Registro Nacional de Inversiones Extranjeras. El primer semestre de 2026 mantiene la inercia del récord, al registrar 34,968 mdd. En la narrativa oficial, estos datos son prueba irrefutable de confianza. Sin embargo, al desglosar la letra pequeña de la contabilidad nacional, la historia cambia de manera sustancial. En la última década (2015-2024), México ha captado un promedio anual de 29,656 mdd. Si incorporamos la cifra de 2025, el promedio de 11 años apenas se eleva a 30,675 mdd. En términos estructurales, el país sigue atrapado en un piso medio cercano a los 30,000 mdd anuales. Hay números estelares en el papel, pero la capacidad productiva del país no despega. El verdadero problema no radica en el volumen de divisas que entra, sino en su composición y origen. Según la Secretaría de Economía, al tercer trimestre de 2025, el 68% de la IED correspondió a reinversión de utilidades, 16% a cuentas entre compañías y tan solo 16% a nuevas inversiones. En la primera mitad de 2026, la fragilidad del indicador se acentuó porque las nuevas inversiones representaron un raquítico 7.8% del total, tras registrar una caída anual de 13%. Como bien ha señalado Guillermo Ortíz, el exgobernador del Banco de México, la mayor parte de este flujo proviene de empresas que ya operan en el país y deciden diferir el reparto de sus ganancias. No estamos presenciando una fila de nuevos corporativos esperando instalarse en el territorio para detonar empleo formal adicional, infraestructura ni nuevas cadenas de valor. ¿Por qué no llegan nuevos capitales? La respuesta está en los riesgos que perciben los inversionistas globales y que el Mexico Investment Week intentará mitigar. La Encuesta sobre las Expectativas de los Especialistas en Economía del Sector Privado de Banxico (agosto de 2026), realizada entre 41 grupos de análisis nacionales y extranjeros, reveló un dato contundente; 0% de los consultados considera que hoy es un buen momento para invertir en México. Asimismo, el 41% atribuye los principales obstáculos al crecimiento a problemas de gobernanza, señalando como factores críticos la inseguridad pública, la falta de Estado de derecho, la corrupción, la impunidad y la incertidumbre política interna. A este diagnóstico se suman los efectos estructurales de la reforma judicial y la reciente iniciativa gubernamental para involucrar a la Sedena, la Marina, la UIF y el SAT en la aprobación de la IED por motivos de seguridad nacional - alineada al modelo del Committee on Foreign Investment in the United States (CFIUS) para acotar capitales chinos en sectores estratégicos -. Tal como han enfatizado los líderes de la cúpula del sector empresarial, la atracción de inversiones de largo plazo requiere, antes que nada, certeza jurídica y reglas claras. Este entorno impacta de forma directa la dinámica de los mercados financieros. Si bien la entrada de divisas por IED refuerza la liquidez del mercado cambiario, la volatilidad e incertidumbre latentes siempre mantienen abierta la puerta a una rápida recomposición de portafolios. El México Investment Week es una buena iniciativa de diplomacia económica. Pero no basta con hacer roadshows en Nueva York. El reto para México no es presumir un récord de 40,871 millones que en su mayoría es reinversión. El reto es convertir esa reinversión en nuevas plantas que generen empleo formal, transferencia tecnológica y valor agregado.
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