Las imágenes son atroces. Mientras médicos desesperados intentan mantener con vida a Alejandro, de un año y cuatro meses, el débil cuerpo del bebé yace postrado en la cama de la sala de urgencias, ya casi inerte. Se necesitaría ser un robot y no tener corazón para no quebrarse con algo así. Imposible no conmoverse y llenarse de rabia por vivir en una ciudad donde seres inocentes pierden la vida así, tan cruelmente, por tener la mala suerte de haber nacido en este lugar y en este tiempo, en medio de una guerra que la mayoría no pidió. Los hechos ocurrieron en Prados del Sur, pero el menor perdió la vida en un hospital de la ciudad, y su muerte forma parte de esos capítulos negros que quedarán para la historia de este y otros conflictos. Ahora, ¿qué dirán las autoridades? ¿Le echarán la culpa a la sociedad y a los grupos, o el gobierno asumirá algo de responsabilidad por su obligación de brindar paz y tranquilidad, la cual no ha podido cumplir? Alguien debe hacerse responsable de la seguridad ya y responder ante los resultados, que no han sido suficientes. No se necesitan golpes mediáticos a los cuales se les busca dar máxima publicidad o hablar de tendencias y números a modo; en Sinaloa urge que haya paz y dejen de matar a inocentes. ¿Acaso no les duele que hayan matado a un bebé de un año y cuatro meses?
Autoridades siguen rebasadas.
A días de cumplirse dos años del conflicto que inició el 9 de septiembre de 2024, Sinaloa seguía atrapado en una crisis de seguridad que las autoridades no habían logrado contener. El reciente reforzamiento militar en Culiacán, con soldados realizando recorridos a pie y mayor vigilancia en las colonias, evidenciaba que la violencia todavía obligaba a reaccionar sobre la marcha. El problema era que, después de casi dos años, los retenes, patrullajes y despliegues no habían conseguido devolver la tranquilidad. La presencia del Ejército podía generar una sensación inmediata de seguridad, pero también mostraba la dimensión del reto: el Estado seguía aumentando su presencia mientras la delincuencia mantenía capacidad para golpear. Y cuando hasta los niños quedaban atrapados en los ataques, quedaba claro que la estrategia todavía no había sido suficiente.
Violencia porteña imparable.
Mazatlán comenzó septiembre con la delincuencia nuevamente a la orden del día. Ayer, hombres armados dispararon contra una vivienda de la colonia Colosio Sí; cinco casquillos quedaron sobre la calle y una joven que se encontraba dentro salió ilesa. El ataque se sumó a otros hechos violentos registrados en el puerto durante los últimos días. Los balazos volvieron a formar parte del paisaje cotidiano porteño y dejaron una pregunta incómoda: ¿hasta cuándo la seguridad seguirá siendo una promesa mientras la delincuencia hace de las suyas?
Septiembre arranca de cabeza.
Septiembre había comenzado literalmente de cabeza en Ahome. En apenas unos días se habían registrado al menos tres volcaduras en distintos puntos del municipio. Por fortuna, no se habían reportado personas fallecidas, aunque sí lesionados, como ocurrió en el choque de Madero y 20 de Noviembre, en el Centro de Los Mochis. La pregunta quedaba en el aire: ¿los conductores iban demasiado rápido o los vehículos ya no aguantaban nada? Porque últimamente parecía que en Ahome bastaba con tocarlos para terminar con las llantas hacia arriba.
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