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José Antonio Constenla

La Galicia de los cien años

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Álvaro Cunqueiro imaginó muchas veces Galicia como el lugar donde lo extraordinario convivía con lo cotidiano. Una tierra en la que la realidad siempre deja espacio para los milagros y quizás uno de esos pequeños milagros sea que el tiempo aquí transcurre de otra manera. Unos 1.800 gallegos superan las cien primaveras, lo que supone cerca del 12% de todos los centenarios de España. Una cifra extraordinaria para una comunidad que apenas representa el 5,5% de la población nacional. Esto nos relaciona con las llamadas Blue Zones, esas regiones del planeta donde la esperanza de vida alcanza niveles excepcionales, como Cerdeña (Italia), Okinawa (Japón) o Icaria (Grecia). Con ellas compartimos muchos de los ingredientes que explican su longevidad, como por ejemplo tener una dieta atlántica rica en pescado, verduras y productos frescos; un clima amable; el contacto permanente con la naturaleza; una intensa vida comunitaria y familiar; y una forma de entender el tiempo donde las prisas nunca han sido una prioridad. Quizá por eso aquí todavía sabemos sentarnos a la mesa sin mirar el reloj, conversar sin la ansiedad de la siguiente reunión o pasear sin convertir cada paso en una competición contra el cronómetro. En un mundo obsesionado con la velocidad, todavía conserva el lujo de la pausa y esto lejos de ser un atraso me parece una ventaja. Durante años hemos contemplado el envejecimiento solo como un problema, porque enseguida pensamos que eso se traduce en más pensiones, más dependencia o más gasto sanitario. Sin negar estos desafíos, conviene también recordar una evidencia, una sociedad donde las personas viven más, también es una sociedad que hace muchas cosas bien. La longevidad debe ser, por tanto, considerada como un éxito colectivo y el resultado de una mejor sanidad, de mejores condiciones de vida y de generaciones que construyeron un país más saludable del que encontraron. Nuestros mayores son uno de los grandes activos de Galicia, porque son memoria viva, experiencia acumulada, serenidad y conocimiento. En una época que idolatra la inmediatez, ellos nos recuerdan el valor de la paciencia, del esfuerzo sostenido y de las cosas que solo el tiempo es capaz de enseñar. Por tanto, pensar en ellos solo en clave del coste de los cuidados que necesitan es una enorme injusticia vital. Pero, además, existe una oportunidad que apenas estamos empezando a descubrir. La llamada silver economy será uno de los grandes motores económicos de las próximas décadas. Investigación biomédica, telemedicina, inteligencia artificial aplicada a los cuidados, turismo sénior, viviendas adaptadas, alimentación saludable o tecnología para favorecer la autonomía personal forman parte de un sector con enorme capacidad para crear riqueza y empleo. Y qué mejor lugar para liderar esto que una tierra que demuestra cada día que envejecer no significa necesariamente vivir peor. Galicia puede convertirse en un referente europeo de la economía de la longevidad, atrayendo empresas, talento e innovación precisamente porque posee el mejor laboratorio posible. A modo de cierre viene muy a cuento lo que Castelao escribió en su obra 'Sempre en Galiza': "Vellos son los que tienen muchos años y no tienen ideas; mozos son los que tienen ideas y no tienen años. En Galicia los viejos tienen ideas y los mozos tienen años; por eso Galicia es eternamente joven".
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