FE

Fernando Vivas

Un triunfo esquivo

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Rápidamente, el gobierno presentó a los supuestos autores de la matanza. Lamentablemente, las cosas no le salieron bien. Los detenidos no se parecen en nada a los peligrosos delincuentes. Las imágenes propaladas permiten ver el porte y la estatura de los asesinos. El gobierno anunció su éxito de manera precipitada. El ministro de Defensa, Rafael Belaunde, viajó a Trujillo. En el momento de máxima tensión sobre la seguridad ciudadana, el ministro del Interior no estaba. Un ministro del Interior ausente, y un ministro de Defensa que hacía las veces de policía. Como tal, interrogó a uno o más de los capturados. La presidenta Keiko Fujimori declaró que Belaunde no hizo ningún interrogatorio. Todos vimos las imágenes del ministro, apoltronado en un sofá, haciéndole preguntas a uno de los capturados. ¿No era un interrogatorio? ¿Era una charla? ¿Una tertulia? ¿Un intercambio de pareceres? Es inexcusable que haya un ministro de Defensa en lugar de un ministro del Interior. ¡En el momento y lugar de una crisis severa de inseguridad! ¿Es este el gobierno que tiene todo preparado para enfrentar a la delincuencia? ¿Un gobierno que no se decide a quién poner al frente de la lucha contra el crimen? La policía no liberó al secuestrado. Quiso atribuirse algún mérito, pero su hermano, más bien, hizo una denuncia. 'La policía no ha hecho nada hasta ahorita. Nada'. La liberación no se produjo por presión de los agentes policiales, ni por un cerco, ni tampoco por el pago de un rescate. El ministro de Defensa tuvo que aclarar que los detenidos no eran los ejecutores de la masacre. Dio a entender que la policía los atrapó debido a la entrega del rescate. Belaunde estaba tan perdido que no se había enterado de que no hubo rescate. 'Estamos siguiendo la ruta del dinero', dijo, mintiendo a la población o exhibiendo la falta de profesionalismo en el caso. Los atrapados pasaron de ejecutores a 'involucrados'. Sus defensas, además, sostienen que no están relacionados y que, menos aún, forman parte del ámbito logístico. Ni la policía ni el gobierno tenían idea alguna de qué había pasado. La presidenta estaba más desorientada todavía. Lo que debió ser un triunfo pasó a ser una catástrofe. Y un mal augurio para nuestro futuro. *El Comercio abre sus páginas al intercambio de ideas y reflexiones. En este marco plural, el Diario no necesariamente coincide con las opiniones de los articulistas que las firman, aunque siempre las respeta.
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