Ya son varias voces las que me dicen que el alcalde de León, José Antonio Diez, se plantea presentarse por su cuenta a las próximas municipales. Está tensando la cuerda. Me recuerda a un servidor en la etapa rebelde sin causa en mi adolescencia temprana cuando tenía diez años y sabía que en algún momento me iban a echar de la clase de matemáticas. Diez ha hecho también sus números, sabe que se ha convertido en un fenómeno en sí mismo y que de presentarse en solitario sería decisivo en el tan ajustado marco polarizado. No me extrañaría que estuviese cocinando una fría venganza contra Javier Cendón preparando su propia cabeza en esa revancha condimentada. Ya me estoy imaginando a Diez exigiendo el sacrificio del secretario general del PSOE en León para apoyar a los socialistas en el consistorio. O que le tenga que aguantar como compañero de viaje, revalidando la alcaldía. Ya escribió Iván Redondo en su manual que pocos votos son muchos. Acuérdense cuando en 2016 Artur Mas se vio obligado a dimitir ante el chantaje emocional de la minoritaria CUP.
El alcalde de León ha desobedecido a su partido acudiendo a la manifestación en apoyo a Ceuta por dos motivos: primero porque tiene la empatía y solidaridad interterritorial que el socialismo parece haber borrado de la Constitución; segundo, porque le sirve como primer acto de campaña en el caso de que dé el salto de flotar su propio barco electoral. A Cendón le conocen en el pequeño León del poder, Diez ha conseguido que con su campaña autonomista leonesa y de su propio partido su nombre suene en toda España. Si hace ruido en medios nacionales y en Madrid D.F., muchos leoneses votarán a su personalismo por delante de las marcas partitocráticas. Está siendo más listo que sus colegas. Se inspira en aquel leitmotiv de la película Ahora me ves: «Nunca te creas el más inteligente de la sala: demuéstralo».
Cendón lleva tiempo creyéndose que es el más audaz de la habitación. Como se descuide le pueden echar y Diez seguir dentro cambiando de llave.
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