Me fui para quince días de vacaciones y las he alargado más que Sánchez. He descansado y trabajado, porque qué abuela de familia no lo hace cuando la casa se llena y todo son risas y columpios y baños y lloros y juegos y tertulias hasta las tantas y festejar el mundial, y salir y entrar y pasear y hay que comer, desayunar y cenar y divertirse y colocar armarios y también limpiar, aunque se cuente con ayuda.
Lo mismo que el presidente y con su permiso; aunque una no lo sea ni de la república independiente de su casa, tampoco he desconectado. El verano empezó gozoso con la victoria en el mundial, pero antes ya hubo incendios en Almería y luego vinieron los fuegos en Madrid, Huelva o Extremadura. Llamas que queman España cada año y cada vez peor, al mismo tiempo que para la progresía fetén la noticia del verano era el ático de Ayuso. Y de pronto, cuando acababa julio, sin que, al parecer, nuestro eficaz gobierno se coscara de nada, la invasión de Ceuta. El presidente se fue de vacaciones y se hizo una foto sin piernas, mientras estos dos desastres, generadores de dolor, rabia, impotencia e incredulidad, pero seña de identidad del tiempo que nos ha tocado vivir, nos asolaban. El primero, no por repetido a lo largo de este mundo globalmente recalentado, sigue indignando. ¿Cómo es posible que verano tras verano se queme el campo sin que se tomen medidas? Pues tengan por seguro que el año próximo volverá a pasar.
El segundo, en cambio, insólito en una democracia y entre vecinos de buena vecindad, pero no tanto en estos tiempos de flujos migratorios de difícil control, resulta exasperante y escandaloso. ¿Cómo es posible que 80.000 personas entren ilegalmente en una ciudad de 80.000 almas y el país invadido no tenga ni noción?
La tierra quemada ya no humea de momento hasta el año que viene entre las habituales promesas. Un mes después, Sánchez ha vuelto de vacaciones y Ceuta sigue sumida en una crisis de violencia, inseguridad y abandono.
También entre las promesas habituales del jefe de gobierno y sin una sola disculpa suya.
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