La mentira es una traición con palabras. Fracaso de lo humano. Espejismo de lo que no fue. Realidad de espejo roto. Discurso que esconde la ... culpa. Pedro Sánchez perdido en Ceuta. Este pasado jueves, el presidente del Gobierno compareció de forma extraordinaria en el Congreso de los Diputados para explicar su gestión tras la invasión sufrida en Ceuta el pasado mes de julio. Y allí volvió a experimentar con la verdad. La dobló, la estiró hasta deformarla y la apartó de los hechos según le convino. Como si la verdad no fuera una certeza, sino una materia maleable en manos del poder.
Su único afán fue el de demostrar que el Gobierno marroquí no tuvo responsabilidad alguna en lo sucedido. Una absolución preventiva de Rabat difícil de conciliar con los propios informes policiales de nuestras Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado, que han descrito la extraña pasividad de las fuerzas marroquíes durante aquellas horas y recogen indicios suficientes de que algunos de sus agentes llegaron incluso a facilitar el avance hacia la frontera. Pedro Sánchez prefirió convertir las dudas en certezas cuando servían para exculpar a Marruecos.
La estrategia elegida por el nuevo sanchismo alauita es muy antigua. Tanto como la de las murallas de Troya, que no cayeron ante la fuerza, sino ante una mentira bien contada. Sinón puso las palabras; los troyanos, la credulidad y el caballo atravesó las puertas sin encontrar resistencia. Resulta descorazonador comprobar cómo todas las terminales mediáticas gubernamentales no han dudado en aceptar a este nuevo caballo de Troya como animal de compañía.
La mentira no es necesaria ni definitiva. Miles de españoles salieron a las calles para reivindicar algo más antiguo y más digno que cualquier relato, que no es otra cosa que la defensa de la verdad. Lo hicieron por Ceuta, por quienes se han sentido abandonados y por esa idea elemental de que una frontera también es una promesa de amparo. Mientras el Gobierno administraba silencios, la calle respondió con presencia.
La falsedad devenida en traición deja de ser únicamente un vicio del lenguaje. Se convierte en una forma de abandono. Porque traicionar no es solo entregar algo al enemigo; también es negar amparo a quien confió en ti cuando más lo necesitaba. Y eso es, precisamente, lo que demasiados ceutíes están sintiendo durante estas semanas.
Mohamed Sánchez, convertido en el mejor ministro de Asuntos Exteriores de Marruecos, no conseguirá que el proyecto común de los españoles fracase. España ha sobrevivido demasiadas veces a quienes confundieron su destino con sus propios intereses. No somos una versión de los hechos, ni personajes secundarios de un relato falaz. Somos el pueblo secular que permanece cuando la mentira se queda sin palabras.
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