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(OPINIÓN) "Eso no sonó en Medellín" ¿Y a quién le importa hoy? Por: Gabriela Posada

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La discusión con algunos veteranos de la radio y sus curadores del género anglo a menudo se reduce a lo que sonó o no en nuestra parroquia. Es una excusa que se repetía en la segunda mitad de los 2.000 y que hoy resuena a rancio. Ahora habitamos una aldea global, hiperconectada, donde los intermediarios sobran; lo único que hace falta es criterio. Puedo dar fe de que los clásicos que suenan en Medellín no difieren mucho de los que he escuchado en otras ciudades del país, e incluso en capitales como Buenos Aires. Sin embargo, si me subiera a un taxi porteño con mis colegas de la radio antioqueña, estos se rascarían la cabeza: allá suenan Creedence Clearwater Revival, Queen y The Rolling Stones con una normalidad que aquí las dos o tres emisoras rockeras ignoraron por completo. Es un reflejo comprensible de la idiosincrasia local, pero resulta frustrante que, en plena era digital, el catálogo radial siga encadenado al pasado y sin investigación. Para ponerlo en perspectiva: mientras una emisora tradicional recicla una playlist cerrada de apenas 200 a 300 canciones, de las cuales repite los mismos 15 "clásicos" diarios, plataformas como Spotify ofrecen un catálogo de más de 100 millones de pistas. Y uno se pierde. Hoy, las nuevas generaciones no necesitan encender el dial; el algoritmo les está proponiendo joyas que los propios curadores jamás escucharon. El fenómeno no es exclusivo de Antioquia. En Cali, los clásicos radiales tienen un feliz tinte discotequero bajo la etiqueta del "High Energy", un subgénero del dance ochentero y el freestyle impulsado por himnos como el de Evelyn Thomas que aún resuena en sus bares, aunque la fórmula empiece a agotarse. En el Eje Cafetero, como ocurre en Manizales, el viaje en el tiempo es distinto: parece que la música nueva dejó de llegar en 1995. Lo que hoy llaman "clásicos" son los mismos éxitos de alta rotación que encumbró la joven Veracruz Estéreo a principios de los 90, con un énfasis aterrador en baladas envejecidas y nostálgicas que amenizan bares sincronizados con YouTube. Basta con encender la radio para escuchar a Vilma Palma e Vampiros repetido hasta el hartazgo, como si el calendario se hubiera congelado. "Normal". Mientras tanto, Medellín se saltó por completo la efervescente etapa pop de la llegada Lady Gaga, Justin Bieber y The Black Eyed Peas. Algunos "sabios" que ya ni siquiera están en el medio decretaron entonces que "el anglo estaba pasado de moda". La verdadera razón, sin embargo, era otra: necesitaban erigir un muro de contención para darle paso exclusivo al naciente género urbano. Este nuevo movimiento sí estaba dispuesto a pagar por sonar, instalando una cultura de sobornos que terminó costándole el puesto a decenas de programadores durante toda una década. Hoy, el reguetón y la música urbana acaparan más del 65% del consumo en las listas de éxitos de Colombia, dejando claro que en ese frente sí estamos al día. De la época de "el negocio, socio", ya no quedan ni las emisoras ni las estrellas que orquestaron aquel monopolio. Pero el género manda, después del popular. Únete al canal de WhatsApp de IFMNOTICIAS para estar informado de manera oportuna y con detalle. IFMNOTICIAS · Información de Verdad Unirme › Y así, mis adorables colegas siguen escudándose en el "eso no sonó en Medellín" mientras descubren, a cuentagotas, que Green Day ya califica como clásico para sus refritas parrillas ochenteras (eso sí, poniendo apenas dos canciones por considerarlas "muy estridentes"). En cambio, programan dos o tres de Maná y Caifanes sin filtro (incluso para acompañar streamings insípidos y cantar con ojitos cerrados en cámara). ¿A quién le importa ya si una canción vieja sonó o no? Hoy la radio local tampoco toca a Tame Impala, Wet Leg o Ca7riel & Paco Amoroso, y el mundo sigue girando. Con el streaming representando más del 85% de los ingresos de la música grabada en América Latina (según la IFPI), es evidente que el modelo tradicional caducó. El medio dejó de proponer descubrimientos hace mucho tiempo, atrapado en las mismas canciones rancias de hace cuatro décadas, empujándonos a huir hacia las plataformas para buscar, irónicamente, la misma música.
(OPINIÓN) "Eso no sonó en Medellín" ¿Y a quién le importa hoy? Por: Gabriela Posada
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