La creencia de que las e hijas o hijos deben amor, sumisión y gratitud a sus padres por el sólo hecho de haberlos traído al mundo, o haberlos adoptado, es una de las principales herramientas de chantaje emocional, el cual tiene como finalidad obtener beneficios sin necesidad de pedirlos sino recurriendo al control y sometimiento mediante el uso de la fuerza psicológica, la fuerza de las palabras y de las actitudes paternas o maternas.
Hablan los padres/madres: 'Mientras vivas bajo este techo me tendrás que obedecer solo porque soy tu padre', 'Tanto que me esfuerzo y sufro por ti…', '¿No te importa mi dolor?', 'Si te vas de casa moriré', 'Yo que te adopté con tanto amor y así me pagas, qué malagradecida'.
Las expresiones anteriores son desafortunada para las hijas e hijos porque ponen sobre sus hombros responsabilidades que no les corresponden, o que no les benefician, o que son insustanciales, por ejemplo, sacar excelentes calificaciones sacrificando el placer del aprendizaje, ser un niño prodigio o 'bien portado' para estatus de los padres, darle a estos compañía durante toda la vida, rescatar un matrimonio que se está derrumbando —para lo cual deben renunciar a su voluntad, a sus sueños y deseos, así como a su creatividad e iniciativa—, obedecer incondicionalmente, no cuestionar los métodos de educación y disciplina, perdonarlos como mandato a pesar de que les destrocen la vida, vivir bajo su sombra por siempre, etcétera.
También existen modos de chantaje más sutiles, casi imperceptibles para la conciencia de la niña o niño y que traen como consecuencia confusión, ansiedad, ambigüedad, malestar, pudiendo generar desde una simple disonancia cognitiva hasta el embotamiento, dependiendo de la cronicidad del chantaje y del temperamento de la niña o niño. Por ejemplo, insinuarle a que cubrir sus necesidades le 'cuesta sangre' a los padres/madres, o que la economía de la familia se pone en riesgo, actitudes que atrapan a la hija o hijo y lo ponen en una encrucijada: si no toma lo que le dan se libera del chantaje pero su necesidad queda insatisfecha y su bienestar y desarrollo queda comprometido; si lo toma sentirá culpa por pensar que está afectando a su benefactor/a, y, al no tener con qué pagarle, la culpa se convertirá en un cheque al portador.
Cuando los padres/madres no reflexionan por qué y para qué quieren tener hijas o hijos, terminan actuando como autómatas de la reproducción, respondiendo simplemente, y muchas veces de manera inconciente, a preceptos del tipo: 'crecer y multiplicarse'.
Este tipo de padres/madres piensan que le hacen un favor a la niña o niño al traerlo al mundo, por lo tanto, éste les debe agradecimiento eterno. La verdad es que la niña o niño nace porque los padres/madres lo necesitamos o deseamos; la decisión de transmitir la vida es nuestra, por lo tanto, la responsabilidad de formarlo, cuidarlo, protegerlo, amarlo y honrarlo, también.
Cuando los padres/madres reclaman con enojo: '¡Yo te di la vida y así me pagas!', provocan que la hija o hijo se sienta violentado, porque para él significa que, si los progenitores dieron la vida, también pueden quitarla. Lo que el hijo no alcanza a detectar —no en ese momento—, es que los padres/madres están mintiendo. Mienten porque la vida ya existe. 'La vida ya existe, los progenitores solo la perpetúan', dice el psiquiatra Deimos Aguilar, o, parafraseando a Gibran Khalil Gibran: los hijos no son de los padres, son hijos de las ansias que siente la vida por sí misma, llegan a través de los padres, pero no son de ellos, no les pertenecen.
Las hijas o hijos no les deben a sus padres/madres, fueron éstos los que decidieron llevar a cabo la empresa de la paternidad, una empresa sin fines de lucro emocional y material, una labor que no implica un pagaré, para usar jerga capitalista muy de nuestro tiempo.
Todo esto hay que decírselo a las niñas y niños para vacunarlos contra el chantaje emocional, para que no queden atrapados en argumentos adultistas que siembran culpa, inseguridad, dependencia, baja autoestima, miedo, vergüenza, imposibilidad de asumir retos… y con el paso del tiempo, rencor, odio, tristeza, confusión… y, en consecuencia, imposibilidad de crecer y madurar.
Sería bueno no perder de vista que la función parental consiste en proporcionarles las herramientas y recursos que les permitan salir del nido.
La meta de la educación es que las hijas e hijos nos dejen por otras personas, por otros proyectos constructivos y amorosos, elegidos por sí mismos. Se trata de prepararlos para que se vayan de nuestra casa, pero que se vayan esperanzados, sin culpas, alegres. Después de todo, cuando los padres/madres los chantajeamos pretendiendo retenerlos, finalmente se van, pero se van muy enojados, o se quedan, pero muy resentidos, ausentes, aislados, deprimidos, drogados, alienados (que son otras maneras de irse).
Educar significa dar alas a los hijos para que puedan ir por el mundo amando y construyendo ideas, planes y proyectos (sinónimo de creatividad y servicio al prójimo), construyendo relaciones y proyectos humanos, ¿no crees?
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