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Javier Mondéjar

La paz del cementerio

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Hace ya unos añitos, demasiados, que en Alicante y en la Comunidad nunca pasa nada y si pasa algo es malo. No sé si es mejor vivir en el Mar de los Sargazos, aunque no corra brisa y el barco quede atascado, que en el Cabo de Hornos. Desde luego se pueden ir olvidando de futuros esplendorosos y de grandes travesías, porque aquí no hay nadie al timón y el talento es tan perseguido como las brujas por la Inquisición. Habría que bajar muchos escalones en el escalafón político y de asimilados (porque hay muchos dirigentes de asociaciones que son únicamente correa de transmisión de partidos y no del colectivo al que dicen representar) para encontrar alguien potable. La verdad es que no conozco ningún mirlo blanco, pero también es verdad que suelo andar emboscado en mi biblioteca y últimamente piso poca moqueta. Gracias a los dioses, porque viendo lo que se ve, es mejor andar lejos de algunos cubiles, no sea que te contagien la rabia o te pique un arraclán. Es la paz del cementerio o la Sicilia del Gatopardo donde se odiaba a muerte a quienes pudieran importunarles la siesta, dicho sea en forma de metáfora, porque si me despiertan de verdad a mí les monto un pollo. No sé a quién se le ocurrió la brillante idea de que Alicante tenía que ser una terreta en la que la mayoría de los dirigentes fueran lo peor de lo peor. Todos les hemos votado, máxima culpa, pero reconocerán conmigo en que el pecado no es únicamente nuestro. Se ha extendido la especie de que quien no hace no yerra y que por inacción no se condena a nadie, con lo que se cumple la diatriba de Yahvé en el Apocalipsis: "¡Ojalá fueses frío o caliente! Pero por cuanto eres tibio, y no frío ni caliente, te vomitaré de mi boca". No sé si tienen el gusto de conocer a alguno de los consellers, yo sí, pero ni mucho menos -y perdónenme insistir por sendas bíblicas- por la frase de "por sus obras los conoceréis". Si fuera por sus obras serían desconocidos hasta en sus propios hogares y no diré que por sus perros porque su fidelidad es incondicional, seas Hitler o San Francisco. Aunque algún chucho empieza a dudar, no les digo más. ¿Y qué decir del president? Pues ni está, ni se le espera. Decidió en un momento dado no molestar y a fe que lo está cumpliendo. Ojo, que no digo que sea fácil ser presidente de la Generalitat y no tener ni una mala palabra ni una buena acción. Es realmente difícil parecer que gestionas sin gestionar, que mandas sin mandar y disimular que, en determinados círculos, además, te tomen por el pito del sereno. Lo que se llama calentar sillón, que debe ser de las cosas más aburridas que se pueden hacer por dinero. Claro, podríamos esperar que con los contrapoderes que tienen las democracias se ejerciera una labor fiscalizadora desde la oposición. Ah, ¿pero hay oposición? ¿Existe tal cosa? Primera noticia. Menos mal que a la autonomía viene a ponerle las pilas el órgano provincial, o sea: la Diputación. Anda, ¿pero sigue en pie?, ¿no la han derogado ni talado como se hace con los árboles secos e inútiles? No me digas, alucinado me dejas. Juraría que la última vez que venía de la Estación había un palacio grandote con un cartel de "Se vende". Será otro o andaré despistado. Y ya del ayuntamiento de la capital para qué hablar. Si alguien se cree que por poner unos tuits vergonzosos o hacer stories en instagram o en el caralibro se puede compensar la falta de imaginación e incluso de atributos para atajar escándalos, pues, hala, adelante. Luego no querremos que la IA tome el mando. Visto lo visto, no sólo es más eficaz, sino también más humana y cien veces más empática. Pero claro, comparado con Sánchez, sus vacaciones ininterrumpidas y el asalto de los chicos de Trump a Ceuta, en versión Capitolio 2, todo palidece. En fin, que los de allí sean muy burros no empece que los de aquí no lo sean más, a su nivel. Y la verdad es que Ceuta les debería preocupar, no lo dudo, pero la Explanada está mucho más cerca y les afecta más. Sobre todo, ya puestos, a los que habitan allí un pisito oficial de soltero pagado por todos los contribuyentes y con opacidad total respecto a la vida padre que desarrollan sus usufructuarios. Escribí a finales de agosto que lo mismo me jubilaba columnariamente hablando, pero es que aquí se está tan agustito chasqueando el látigo… Y que conste que me encantaría repartir alabanzas a diestro y siniestro, pero es que estos chicos lo dejan todo perdido en cuanto se les deja solos. No hacen más que pisar por lo fregado. Que contumacia en el error.
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