Balears afronta una ola de jubilaciones que preocupa mucho más allá de las estadísticas de pensiones. Casi 30.000 autónomos de las Islas tienen ya 56 años o más y unos 17.600 han superado los 60. Detrás de cada cifra hay algo más que un trabajador que se acerca al final de su vida laboral: hay un negocio, un oficio, empleados y décadas de experiencia que corren el riesgo de desaparecer. El problema es evidente en la fontanería, la electricidad, ña carpintería y el pequeño comercio. Oficios imprescindibles que cada vez encuentran más dificultades para garantizar un relevo. Cuando el propietario se jubila y no existe un comprador, un familiar o un trabajador dispuesto a continuar, la persiana puede bajar definitivamente.
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