Opinión | Haciendo amigos
Pedro Feijoo
Concentración en defensa de Ceuta, en Madrid. / Fernando Villar
Hay cosas a las que se les debe llamar por sus nombres, y cuanto antes mejor, porque para después tal vez sea demasiado tarde. Tanto más teniendo en cuenta que nuestra clase política parece estar llena de pirómanos sin escrúpulos, tan solo preocupados por encontrar la siguiente excusa con la que prenderle fuego al mundo.
Esta semana que ahora acaba ha sido la de las manifestaciones solidarias con Ceuta. Convocadas en más de setecientos puntos por todo el país, se definían a sí mismas como concentraciones apolíticas en apoyo a la ciudad autónoma. En muchos casos, poco tardaron en descubrirse como lo que realmente eran: instrumentos de crítica al gobierno con argumentos tan profundos como «¡Perro Sánchez, hijo de puta!».
Y no seré yo quien les venga aquí con cuentos de pajaritos preñados. Es muy probable que la gestión de la crisis por parte de Moncloa no haya sido la mejor, como también lo es que su campaña de comunicación ha sido tan lamentable como la capacidad analítica de muchos de los tertulianos en manos de quienes se ha dejado el comentario de la situación. La conclusión a este respecto se la dejo a ustedes. Porque a mí ahora lo que me preocupa es otra cosa: los golpes en la calle, el acoso a los periodistas, los abusos a los más débiles –siempre a los mismos– en las playas de Ceuta, la misma Ceuta que, en realidad, le importa tres cojones a toda esta gentuza. Perdonen que lo diga así, pero es la verdad. Y con todo esto aún no ha hecho que nos llevemos las manos a la cabeza. ¿Qué nos está pasando como sociedad?
Hoy estamos en un nuevo escenario. Uno mucho más grave. Pero parece no importarnos. Quizá sea porque –al igual que hacemos con ciertas actitudes en realidad intolerables– con eso de las líneas rojas ya hemos normalizado el hecho de traspasarlas como si nada grave fuera a pasar. Nos hemos acostumbrado a plantarnos con desidia ante la vida, como si nunca fuésemos a tener que pagar ninguna factura al respecto. Y por eso ahora asistimos con hastío al espectáculo. Como si no nos preocupase en absoluto cuando, en realidad, tal vez estemos a dos telediarios –literalmente– de abrir el informativo con una noticia tan grave como irreversible. Y entonces…
En un tiempo en el que parece que el único ideario político identificable es el del «Todo vale con tal de pillar cacho», a toda esa cuerda de grandes estadistas de Ali Exprés les ha faltado tiempo para correr a apagar el fuego con gasolina. Para azuzar el odio de sus perros, para emponzoñar las orejas de sus gorilas con llamadas a un falso patriotismo, para apretar los dientes de los más estúpidos con rabia y furia sin control. Han ido allí, aquí, a todas partes, vestidos con el traje de la indignación. «¡Hasta cuándo seguirás abusando de nuestra paciencia, Pedro Sánchez!». Han prendido la llama del polvorín y, después, han corrido a sus madrigueras, no fuera a ser que la mierda les salpicase. Porque, a fin de cuentas, ya saben ustedes que en política hay manchas que son muy difíciles de tapar. Sobre todo, las de sangre.
Pero ahora que he visto los insultos en las calles, los golpes y empujones, y tanta, tanta gente pidiendo un taxi, no dejo de hacerme una y otra vez la misma pregunta: Dime, Alberto, cuando a uno de tus perros se le vaya la mano y le abra la cabeza a un periodista por el mero hecho de estar haciendo su trabajo, ¿dónde estarás tú? Dime, Santiago, cuando a uno de esos gorilas sin cerebro ni empatía a los que vosotros les habéis dado alas acabe llevándose por delante a uno de esos invasores en la playa, ¿irás a su entierro? No, ¿verdad?
Cuando las manifestaciones 'apolíticas' se reconocen por la abundancia de banderas de España con un pollo renegrido en medio del paño; cuando las calles se llenan de argumentos tan absurdos como '¡Pedro Sánchez, hijo de puta!'; cuando un niñato de mierda al que apenas le dan las neuronas para no babarse encima echa a empujones a un periodista de su lugar de trabajo, la situación solo tiene un nombre: fascismo. Fascismo. Si es que alguna vez se fue, ahora lo estáis trayendo de vuelta. Y sí, lo estáis haciendo de maravilla.
Noticias relacionadas y más
Y sí, a mí me dais todo el asco del mundo.
Suscríbete para seguir leyendo
(0)Comments