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Roman Piña

La falsificación de un documento y su relevancia

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El artículo aparecido en UH, titulado «El privilegi de 1365: un fake medieval», suscrito por Colectiu 29, un elenco de historiadores de prestigio, encabezados por Gabriel Ensenyat, vinculados al catalanismo político, consolida el debate por ellos suscitado y lo hace sumamente interesante. »Hay partido» me dice más de un lector, y razón tiene. Asumir la grandeza o miseria de la «mallorquinidad» es a día de hoy en que ya hemos dejado que la mitad de la población de la isla sea de nacidos fuera de ella, materia que merece ser estudiada rigurosamente por los mallorquinots de sempre. Vamos a ver, yo no soy anticatalán, como dice Colectiu 29, por haber escrito «Ser de los nuestros», una obra de ocho ediciones y que han leído miles de conciudadanos, dejando claro los tres mil años de historia de nuestro pueblo, partiendo de episodios históricos irreversibles y que marcaron nuestro pasado. Con ello digo que somos más que catalanes. Quizás un curioso cóctel de catalán y gallego. Y al que le moleste, pues olvidémoslo. No pasa nada. Las cuestiones identitarias nos llevarían al nunca acabar. Yo soy Piña y Homs, y sin renegar de ello, acudí en septiembre del 2025, como muchos mallorquines, a la cuna de los Homs, de los Rosselló, los Perpinyà y tantos otros, en el Rosellón, de donde llegaron muchos de los nuestros en los siglos XIII y XIV. No eran catalanes y muy bien. No pasa nada. Y vayamos al documento tachado de falso. Ya mi colega Antoni Planas dudó de su autenticidad al descubrir que un texto tan importante no estuviese registrado en el Archivo de la Corona de Aragón. Y de esto me hice eco en mi artículo anterior a este. Ahora bien ¿Quién lo falsificó? Por qué en su momento nadie hizo objeción alguna? ¿Por qué sesenta años después de su posible fecha de falsificación, los mallorquines piden su derogación, de hecho confirmada por Alfons el Magnànim en un documento, digamos cabdal, para nuestra historia? Pensemos que ya años antes de esta supuesta falsificación, en 1343, Pere IV el usurpador ya establece la unión perpetua de las islas a la Corona aragonesa y la participación de los baleares en Cortes generales, no las particulares del Principado. Para esto tendrán que esperar a que lo pidan un año después los diputados del Rosellón para sí mismos y las islas. El caso no está en absoluto claro. Quienes sostienen la autenticidad del documento de 1365, como el cronista Guillem Terrasa en el XVIII, precisarán cómo a partir de dicha fecha el Bisbe de Mallorca s'asseurà al costat del de Barcelona quan, a les Corts (catalanes), s'integri en el braç eclesiàstic; i els sindics de la Ciutat i Regne de Mallorca, els de l'illa d'Eivissa i els de Menorca s'ausseuran al costats dels de Girona i Tortosa en el braç de les ciutats (Anales, Cronicón Mayoricense). Dan por válido el documento que como tal establece la integración de las islas a Cataluña. Yo también lo dí por válido, comprobando el proceso de integración, que solo durará hasta finales de siglo, cuando los mallorquines, no tanto los menorquines, de hecho se olviden de acudir a Cortes. ¿Por qué falló la integración, incluso antes del privilegio de Alfons el Magnànim? Lo explico sobradamente en mi obra «La participació de Mallorca en les Corts catalanes». Ahondo en la catalanidad de la Conquista. También en la inviabilidad del reino independiente, y por último en el juego de intereses económicos entre catalanes y mallorquines. «Les Balears varen esser la base fonamental de la guerra per mantenir Sardenya», afirmo con sólidos argumentos, y, el coste de la operación coincide con el comienzo del déficit económico mallorquín, con la tremenda hipoteca de los censales, debidos en buena medida a la deute dels catalans. Me encanta que mis antagonistas en el debate hayan acudido a mi maestro Elías de Tejada, que comenta: esta posición de Mallorca dentro de la confederación aragonesa es de suma importancia para entender el mecanismo de las instituciones insulares y la perspectiva intelectual de los mallorquines. Siempre se reputarán catalanes pero de una Cataluña extraña al solar materno del Principado. El tema es harto complejo. Merece un estudio sólido y profundo, que entre muchas otras cosas no olvide, como precisa Joan Reglà, que la conquesta de Mallorca en la qual va posarse de relleu la potencialitat de la marina catalana, fou la coronació brillant d'una política proseguida des dels dies del Comte Ramon Berenguer I el Vell. Ya lo decía mi entrañable tía Lluïsa Pinya: les illes son les úniques terres catalanes on es pot veure una posta de sol sobre la mar. Si de los suyos hubiese dependido, todo el Mediterráneo hasta los ducados de Atenas y Neopàtria sería catalán. Por algo los lomos de sus peces ostentaban las barras de los condes de Barcelona, aunque, esto sí, tuviese que ser un Gonzalo de Córdoba en el XV quien recuperase Nápoles y un financiero, Tarongí de Mallorca, en el XVII la isla de Sicilia. Pregunten su nombre completo al historiador Pedro de Montaner.
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