Mucho se ha publicado sobre la irrupción en Ceuta de jóvenes marroquíes, refugiados sudaneses y otros migrantes africanos. Destaca un artículo que, no en vano, publica Zona de Estrategia. Lo escriben intelectuales-activistas (o viceversa) de prestigio nunca lo bastante reconocido. Y firman en colectivo con un alias esclarecedor (Quilombo). Dan pistas para montar uno bien gordo para salir del círculo dantesco en el que estamos sumidos. Barbarie normalizada, tragedia puntual insoportable, el Horror… U vuelta a empezar. Con más saña y menos visibilidad. Como en Gaza, el trailer de las atrocidades que contemplamos.
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Podemos seguir sufriendo ante las pantallas. Y consolarnos diciendo que, pasados unos años, presumiremos de haber estado en 'el lado bueno de la Historia'. Así ocultamos nuestro fracaso presente. Y disimulamos nuestra impotencia. Y sobrellevamos el espanto con la moralina que permiten sentirnos más humanos y sensibles que 'los fachas'. No nos da, siquiera, para alardear de superioridad moral. Eso exige compromisos firmes y ayuda mutua difíciles de recabar incluso entre los más cercanos.
Podemos seguir revolviéndonos ante el racismo de quienes se declaran creyentes y no reconocen que 150 Cristos se ahogaron intentando llegar a Ceuta. Es un número aproximado de muertos. No se conocen sus nombres, habiendo trascurrido más de un mes. Tampoco sus biografías. No importan, son vidas nudas, que diría Agamben: expoliadas, intercambiables, prescindibles, matables… No merecen ni un entierro. Miles de Cristos vagan por Ceuta esperando pan, justicia y libertad. No lo lograrán sólo con homilías papales y sentimientos humanitarios. Ayudan pero no bastan.
La empatía, en sí misma, puede paralizarnos. O retorcerse, instrumentalizada, para agravar la crisis. Véase a Quintos y Cía. (¿o CIA?) parodiando a la Flotilla de la Libertad que fue a Gaza. Pero el show que montan los 'quintos' de la (ultra)derecha tiene más potencia de fuego: se autodenominan Armada. Y demuestran mucha mala fe al apropiarse del bastión progresista que quedaba: Armada de la Solidaridad. Con Ceuta se supone; la blanca y católica, se presupone. Porque navegan bajo la bandera de la Prioridad Nacional, degenerada ya en etnonacional. Puro (**t*) racismo. Empatía legionaria sin bajarse del yate. Podríamos seguir pegados a las pantallas vomitado de asco. Pero eso quieren: nuestra parálisis debida al dolor empático, la repulsión odiosa o el pasatiempo que todo lo banaliza.
Cabe desentrañar si hubo y cómo se gestó el complot geopolítico contra España. Ese plan para arrebatarnos las últimas 'colonias africanas'. Así llaman Netanyahu, Mohamed VI y Trump a Ceuta y Melilla. También se dice que si EE.UU, quiere hacerse con el control del Estrecho de Gibraltar (además, de Ormuz, Bering…)… Que si los servicios secretos marroquíes y españoles se revuelven por dentro, entre sí y contra sus gobiernos… Todo probablemente cierto. Pero ¿qué podemos llegar a saber con certeza? Si ni siquiera hemos aclarado cómo se gestó la Marcha Verde (1975). Aquella movilización de 350.000 marroquíes civiles no surgió espontáneamente. El diseño y la logística contaron con la implicación del gobierno marroquí, español y estadounidense.
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El problema es que ahora todos los políticos mienten a espuertas con una megafonía capilar y omnipresente. Nos toman el pelo, perfilados digitalmente, uno a uno y sin tregua. El calibre de sus mentiras y la impunidad con la que las sueltan darían para otros mil artículos. Y todos resultarían superfluos. En tiempos de pseudocracia, del gobierno de la mentira, resulta dificilísimo distinguir un infundio de una información. Solo puede hacerlo quien miente, claro. O quien esté dispuesto a inmolarse por desmentirle. Eso pasó con Assange y tantos otros. Y, cuidado, que están cerrando los servidores de los epígonos de Wikileaks.
Somos presas del tacticismo de unos gestores políticos que están desbordados (no es para menos) por un reto descomunal. No pueden gestionarlo sin entrar en contradicciones. Y, por tanto, no actúan de frente. De ahí los postureos para disimular que no pueden (no les interesa electoralmente) posicionarse con rotundidad. De ahí que la crítica demoledora al oponente disimule el desborde, la incompetencia y la consiguiente carencia de propuestas. De ahí, la imposibilidad de establecer acuerdos transversales, único modo de afrontar este caos. Por eso no dejan de emitir pseudoinformación: autobombo y relaciones públicas disfrazadas de noticias. Ahí reside la mentira. No gestionan ni hacen oposición, dan espectáculo.
El show ya no engaña a nadie. El guion es claramente neocolonialista y supremacista. Mundialización del expolio y represión del otro. Dentro de las fronteras: mujeres feministas, migrantes, colectivos LGBIQ+, transexuales, antifascistas y disidentes en general. O sea, usted mismo que me lee. O alguien que conoce y quizás quiera. Y fuera de las fronteras, la amenaza es encarnada en los migrantes empobrecidos. Peor si son racializados por su piel y criminalizados por profesar el Islam. Ese inmenso cuerpo social, plural y diverso está siendo agredido a escala transnacional. Y se merece un horizonte estratégico de autodefensa y emancipación.
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En Z/E encontramos hilos para tejer ese frente amplio que el artículo en cuestión no menciona y aquí solo esbozo. Es una modesta propuesta que atribuye la irrupción africana en Ceuta, sobre todo, a la agencia de los migrantes. Interpreta la salida de Marruecos como denuncia y protesta. Exit que es voice, que diría Hirshman. Lo ocurrido hace un mes, tiene precedentes que lo explican. El más claro, las protestas de la 'GenZ 212' de la juventud marroquí que se autoconvocó en septiembre-octubre de 2025. La represión se cebó con ellos por exigir sanidad y educación públicas, empleo y servicios sociales frente a las inversiones para el Mundial 2030. Un evento que, sin duda, aumentará una corrupción y desigualdad insoportables. Y que también denunciaban los jóvenes.
Eso en lo que respecta al plano social y político. En el geoestratégico, resulta clave interpretar el éxodo de 70.000 migrantes en el marco de una política migratoria que hay que revertir o, como mínimo, reconsiderar: la externalización de fronteras. Se han manifestado palmaria y trágicamente los riesgos que conlleva. Y se resumen en uno: quien pone su frontera en país ajeno delega la soberanía. El Magreb y los países costeros africanos de los que parten los migrantes se están convirtiendo en gigantescos CIE (ahora CIEE: centros de internamiento de emigrantes extranjeros).
Detienen a expatriados 'irregulares' para (como poco) encerrarlos y maltratarlos. Y, finalmente, deportarlos o abandonarlos a su suerte en la nada. Su eficacia es enorme. Y el negocio que reportan aún más. Las llegadas se han reducido a casi la mitad. Aunque también los viajes se han hecho más peligrosos. La UE no parece haber caído en la cuenta de que ceder el control fronterizo supone perder la soberanía nacional. Y ponerla en manos de unos sátrapas que ahora se dan la mano con oligarcas y genocidas.
Falta lo más importante, plantear un horizonte de movilización y emancipación. Sugiero hacerlo con vistas al Mundial de 2030, tejiendo redes de solidaridad entre jóvenes españoles, portugueses y magrebíes. Recuérdese que en las celebraciones por la victoria de España en las semifinales del último Mundial más de un centenar de personas intentaron llegar a nado. En Z/E citan a Hassan Bentaleb, experto en migraciones, que habla de una azmat al-ufuq: una "crisis de perspectivas" o "futuro". No afecta solo a los jóvenes magrebíes. Salvando las distancias, que son muchas y profundas, falta un proyecto vital para unas generaciones que, a ambos lados del Estrecho, sienten un bloqueo profesional, social y existencial.
Tenemos cuatro años por delante para replicar la Primavera Árabe, el 15M… y Occupies urbi et orbi, que diría León XIV. Ese encadenamiento llevó a la última oleada de movilización global que podemos considerar emancipatoria y popular, que no populista. La distinción no es trivial. Los liderazgos post-15M que pretendieron guiar al pueblo insurrecto nunca lo vieron venir. Tampoco supieron acompañarlo. Y, menos aún, gestionar el enorme respaldo que recibieron. La socialdemocracia… sigue a verlas venir. La bofetadas que recibe, digo. Ojalá dejasen todos de tachar a los jóvenes españoles de fachas y machistas. Y de menospreciar la autonomía y la capacidad de acción colectiva de los emigrantes. Ojalá ayudasen montar un quilombo en el Mundial 2030. Y que los moderados no se asusten. Podría renovarse desde abajo y hacia un futuro compartido la Agenda 2030: la bicha de los populismos autoritarios. Que no nos metan más goles. A por la remontada.
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