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Elecciones en EU: los republicanos a prueba

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El primer lunes de septiembre marca, cada dos años, el inicio formal de las campañas para la elección de noviembre en Estados Unidos. Si las encuestas son correctas, se espera un triunfo para la oposición demócrata. Este año está en juego el control de la Cámara Baja, donde se cree que los demócratas lograrán la mayoría, mientras se ve posible que obtengan también el control del Senado. Si los demócratas ganan seis curules, donde hay 219 diputados republicanos por 212 suyos, y cuatro escaños en el Senado, que el partido de gobierno controla 53 a 47, tendrían mayorías que pondrían en graves problemas al gobierno del presidente Donald Trump. De hecho, el propio Trump ha tratado de que las elecciones sean en torno a su nombre y sus grandes temas nacionales. El mandatario no está en las boletas de votación, pero su presencia es evidente y son su proyecto y su futuro los que están en juego, ante acusaciones de autoritarismo y corrupción. La economía no lo favorece, con una impopular guerra ("conflicto" dicen ahora los republicanos) en Irán que se refleja en precios de gasolina tan altos o más que durante el gobierno de su predecesor demócrata Joe Biden, un alejamiento de viejos aliados internacionales, tarifas comerciales que impactan también la economía local y una campaña antimigración que, si bien ha tenido éxito en números, también provocó muertes de ciudadanos estadounidenses en choques con la policía migratoria y de inmigrantes en custodia. De acuerdo con los actuales números, los demócratas son favorecidos como partido por porcentajes de cuatro a diez puntos, según la encuesta, y creen tener posibilidades de arrebatar asientos a los republicanos hasta en 60 distritos. Pero la política electoral estadounidense es al mismo tiempo al minoreo, y el trabajo o la cercanía de un diputado con sus votantes pueden ser tanto o más importantes que los debates nacionales. De hecho, se estima que la tasa de reelección en las 435 curules de la Cámara Baja es de un 90 por ciento. La votación del tres de noviembre pondrá a prueba las medidas que Trump ha tomado para tratar de asegurar la permanencia de su partido, incluso una reconfiguración del mapa electoral que, de funcionar como proyectado, podría dar diez curules más a los republicanos. Técnica y legalmente no es una trampa. Políticamente, sí: la reconfiguración del mapa electoral ocurrió a mediados de década en varios estados republicanos, como Texas, y no necesariamente en base al censo de cada diez años. Igualmente el dinero a invertir en anuncios y campañas de todo tipo es una ventaja para los republicanos y Trump. Otras medidas, sugeridas pero no oficiales aún, anuncian la posible presencia de agentes de migración cerca de las casillas de votación con la idea formal de evitar que voten indocumentados, pero la implicación de hostigar e inhibir a votantes de minorías étnicas. Dos meses son mucho tiempo en una política polarizada donde más y más la denuncia, las acusaciones, los golpes bajos, ocupan el lugar que idealmente al menos deberían tener propuestas y planes. PAL
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