En boca de políticos, organizaciones sociales, líderes religiosos y la prensa, escuchamos un feroz ataque a la desigualdad económica y a la forma en la que -al agrandarse las diferencias económicas entre ricos y pobres- se genera injusticia y una mala distribución de la riqueza.
Es cierto que, de tanto en tanto, surgen nuevos productos y servicios extraordinarios que crean mucho valor y generan una gran cantidad de nuevos millonarios. Pero esa es sólo la mitad de la historia. Nunca se cuenta la otra mitad. La historia completa. Suponiendo que sea cierto que 'un mundo de superricos' sea injusto, deberíamos compararlo contra un mundo sin ellos, sin inventos y sin nuevos productos y servicios que mejoraran la calidad de vida de todos. En ese mundo no tendríamos automóviles, aviones, telefonía celular, internet, empresas tecnológicas de comercio y comunicaciones. No tendríamos remedios ni cosechas crecientes, ni electricidad. Pero seríamos todos más iguales. Viviríamos peor y menos cantidad de años. Supongo que hay muy poca gente que piense que un mundo así sería mejor. Entonces, ¿por qué atacar y tratar de eliminar a los 'superricos'?
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