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'Ojalá escuchéis hoy la voz del Señor: «No endurezcáis vuestro corazón»'

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Queridos hermanos, estamos ante el domingo XXIII del Tiempo Ordinario. ¿Qué dice hoy la Palabra? La primera lectura, del libro de Ezequiel, dice: «Te he puesto como centinela de la casa de Israel». ¿Qué significa? Que Dios nos pone como centinelas, como vigías, para ver cómo está su pueblo. Es muy importante: el profeta significa también un obispo. Es decir, mira y guarda; observa qué está pasando en Israel, qué está pasando en la Iglesia y qué está pasando en el mundo. Por eso dice el Señor: «Te he puesto como centinela». Si ves venir la espada y adviertes al malvado, tienes que decírselo. Si no se lo dices, el malvado morirá por su culpa, pero tú también responderás por no haberle advertido. Estamos viendo situaciones de maldad en el mundo. Si tú adviertes al malvado y este cambia de conducta, vivirá; si no cambia, morirá. Esto es muy importante para tu relación con tus hijos, con tus familiares, con tus vecinos, con aquellos con los que trabajas y con quienes convives. Por eso respondemos con el salmo 94: «Ojalá escuchéis hoy la voz del Señor; no endurezcáis vuestro corazón». ¿Cómo se endurece el corazón? Por el amor al dinero, por callarse, por instalarse, por no querer tener problemas. Por eso dice el Señor: «Él es nuestro Dios y nosotros, su pueblo». «Ojalá escuchéis hoy su voz; no endurezcáis el corazón como en Meribá, como el día de Masá en el desierto». La segunda lectura es de san Pablo a los Romanos: «A nadie le debáis nada más que amor mutuo. El que ama ha cumplido la ley». Aquí recuerdo las palabras de san Agustín: «Ama y haz lo que quieras». Dios nos da diez palabras, los Diez Mandamientos, gratuitamente, para que seamos felices. Estas diez palabras son un camino para vivir. Y eso es lo que nos presenta el Evangelio, que nos habla de la corrección fraterna. No se trata de juzgar, sino de amar. Corregir no nace del orgullo, sino del amor. Por eso dice: «Si tu hermano peca contra ti, repréndelo estando los dos a solas. Si te hace caso, has salvado a tu hermano. Si no te hace caso, llama a otro hermano para que esté presente. Y si tampoco les hace caso, díselo a la comunidad». Es interesante que aparezca la comunidad. Es decir, no se trata simplemente de señalar al otro, sino de hacerlo para salvar a la persona de la muerte. Y si tampoco hace caso a la comunidad, entonces considéralo como un pagano o un publicano. Por eso, hermanos, hay que corregir. Hay que corregir con verdad, con verdad y desde el amor. Esa es la fe: vivir la verdad es vivir el testimonio de la fe, es expulsar los demonios. Os deseo este espíritu para este domingo: que tengáis dentro de vosotros el Espíritu de la verdad, para que podáis ser centinelas y no endurezcáis el corazón. Este es el amor de Dios, el amor que Dios os regala a vosotros y a mí. Y que la bendición de Dios todopoderoso, Padre, Hijo y Espíritu Santo, descienda sobre todos vosotros. Rezad por mí. Muchas gracias. *Mons. José Luis del Palacio Obispo E. del Callao Mira más contenidos en Facebook, X, Instagram, LinkedIn, YouTube, TikTok y en nuestros canales de difusión de WhatsApp y de Telegram para recibir las noticias del momento.
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