Falla en tan pocas ocasiones que habrá que deducir que es un axioma: cuando Osasuna se ve ante la posibilidad de destacar, de volar un poco, al equipo le pasa algo o se hace algo a sí mismo para frenar y volver al suelo. Saltar al césped con la posibilidad de ponerse segundo en la tabla –solo por delante de ese Barcelona desencadenado que lleva 17 goles en cuatro partidos–, y hacerlo ante un millar de seguidores, sería para cualquier equipo una invitación a bordar el juego y lograr un gran resultado.
Pero surge el axioma y se da un trastazo sin paliativos contra el suelo. Pero, bueno, Osasuna es así y tampoco nos vamos a amargar. Por los 7 puntos en cuatro jornadas y, sobre todo, por ver en Ramis la reacción que nos gusta: nada de paños calientes y nada de excusas tontas, sino el cabreo y la intención de que todo el equipo convierta la derrota en una dura lección de la que sacar provecho. A veces, la letra, con goleadas entra.
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