Se acaba el verano, y te va entrando esa prisa de hacer todas esas gestioncillas de última hora que se van acumulando, pero que por ... cansancio laboral o lo que conlleva la vida cotidiana no te apetecen nunca, pero que en algún momento va tocando hacer. Cuando tenga tiempo ya si eso...
En mi caso se me caducó el carné joven, y como estudiante, me vienen muy bien esos pequeños descuentitos en el cine o Renfe, así que voy a la oficina correspondiente para solicitarlo. Ya te llegará en un par de semanas... (finales de agosto y sigo esperando). Vale; misión número 1, no concluida. Bueno, a ver si la segunda misión me sale bien, no me puede salir todo mal.
Como joven perteneciente a la generación Z, toca ayudar en casa con todo lo relacionado con la tecnología, ya sea subir un archivo a la nube (¿Qué es eso?) o bajar la fibra contratada (¿fibra sintética dices?) del paquete con la compañía telefónica de turno. Acudimos a la oficina correspondiente con dos empleados libres a nuestra disposición y nos comentan que hace falta llamar a la operadora con centralita en Kuala Lumpur para realizar el cambio solicitado, que desde oficinas hace ya tiempo que no se puede hacer (a no ser que sea para contratar más servicios como el multipack de la Liga, que a eso sí que estarían superautorizados y dispuestísimos). Después de una hora de espera y de rebotarnos con la operadora de Tokyo y luego con la de Bali presentando unas caras de desesperación máximas en las que te planteas el sentido de la vida, conseguimos bajarnos la cobertura de la tarifa contratada (misión n°2: ¿cumplida?). Lo comprobaremos en la factura del mes que viene...
En fin, no quiero echarle, ni mucho menos, la culpa a los trabajadores puesto que solo siguen políticas de las empresas, pero ¿dónde ha quedado la practicidad y el contacto humano del cara a cara? ¿Y lo de resolver en dos horas lo que se podría hacer en veinte minutos? Además, no solo pienso en mi ámbito familiar, ya que al final puedo ayudar en este tipo de cosas, pienso en las personas mayores que no tengan ningún nietecito a su disposición y no doy con la solución. Para satisfacer su pregunta, un teleoperador le atenderá en breves minutos... (música de violín).
Sé que son gestiones de poca relevancia, pero como persona que se considera espabilada y que está a un pasito de ser adulta, me preocupan las gestiones del futuro ¿es todo tan complicado? ¿Quién me ayudará?
Estoy a favor de la IA y del teletrabajo, ya que es una herramienta potentísima para hacernos la vida más fácil, pero que el bosque no nos impida ver los árboles, y apliquemos un poco de sentido común (el menos común de todos, por cierto). Por favor, no nos compliquemos entorpeciéndonos la comunicación verbal y física que nos diferencia al ser humano de los animales. Los cavernícolas ahora se estarían riendo de nosotros si pudiesen, ¿será que para entendernos en pleno siglo XXI tendremos que volver a hacer dibujitos en las paredes?
cartas@larioja.com
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