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Gustavo Cárdenas Castillero

Panamá respira, pero ¿qué está respirando?

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Cada día respiramos miles de veces sin preguntarnos qué contiene el aire que entra a nuestros pulmones. Sin embargo, en las ciudades modernas esa mezcla ya no está compuesta únicamente por gases naturales. Vehículos, combustiones, industrias, construcción y otras actividades incorporan partículas y contaminantes que afectan silenciosamente la salud. El Día Internacional del Aire Limpio por un Cielo Azul, establecido por la Asamblea General de las Naciones Unidas en 2019, debería servirnos en Panamá no solo para hablar de contaminación, sino para preguntarnos algo mucho más básico: ¿sabemos realmente qué estamos respirando? De acuerdo con un informe publicado por la Organización Mundial de la Salud (OMS) en 2025, se estima para Panamá una concentración media anual de PM2.5 de aproximadamente 12 µg/m³, mientras que su guía internacional recomienda un promedio anual de 5 µg/m³. Es decir, la exposición promedio estimada para el país es alrededor de 2.4 veces el valor guía de la OMS. Además, el perfil ambiental y sanitario de Panamá señala que el país todavía no cuenta con un estándar legal nacional específico para PM2.5 equivalente a ese valor anual recomendado. Pero ¿qué son las PM10 y PM2.5? Estas son partículas microscópicas de contaminación suspendidas en el aire, tan pequeñas que pueden penetrar profundamente en los pulmones y alcanzar la circulación sanguínea, convirtiendo la contaminación atmosférica en un problema que afecta mucho más que al sistema respiratorio. Pueden estar formadas por polvo, hollín, humo, metales, sulfatos, nitratos, compuestos orgánicos y otros residuos generados por vehículos, industrias, construcción, quema de basura o biomasa, además de algunas fuentes naturales, como el polvo del suelo o los incendios. ¿Cómo puede esta contaminación afectar la salud de los panameños? La contaminación del aire puede causar o agravar numerosas enfermedades, especialmente cuando la exposición a partículas finas como PM2.5 y PM10, dióxido de nitrógeno, ozono troposférico, dióxido de azufre y monóxido de carbono es frecuente o prolongada. Entre sus principales efectos se encuentran el asma, las alergias, la bronquitis crónica, la enfermedad pulmonar obstructiva crónica, las infecciones respiratorias, el cáncer de pulmón, los infartos, los accidentes cerebrovasculares, la hipertensión y otras enfermedades cardiovasculares. Además, existe evidencia creciente de su relación con la diabetes tipo 2, el deterioro cognitivo y la demencia. Durante el embarazo, la exposición también se ha asociado con un mayor riesgo de parto prematuro y bajo peso al nacer. Por ello, la contaminación atmosférica no debe considerarse únicamente un problema respiratorio, sino un factor de riesgo sistémico que puede afectar pulmones, corazón, cerebro y otros órganos. Los panameños residentes en la ciudad capital deben tener siempre presente que Panamá ya ha experimentado episodios que muestran claramente cómo un evento ambiental puede convertirse rápidamente en un problema de calidad del aire, como ocurrió durante el incendio del relleno sanitario de Cerro Patacón en enero de 2024 y en otros muchos incendios registrados allí. Pero, cuidado: esto ocurre en todo el país como consecuencia de vertederos a cielo abierto mal manejados y supervisados. El epicentro sanitario de la contaminación atmosférica se encuentra hoy en Asia del Sur. En 2023, la región registró cerca de 195 muertes atribuibles a la contaminación del aire por cada 100,000 habitantes, una tasa más de diez veces superior a la observada en los países de altos ingresos. India y China, por sí solas, concentran alrededor de la mitad de las muertes mundiales asociadas a este riesgo ambiental. Estas cifras muestran que la contaminación atmosférica ha dejado de ser únicamente un problema de calidad ambiental: en las regiones más expuestas se ha convertido en una auténtica crisis de salud pública. Panamá no enfrenta los niveles extremos de contaminación atmosférica observados en algunas regiones de Asia, pero eso no significa que el problema sea insignificante. Estudios internacionales han estimado, además, cientos de muertes prematuras y pérdidas económicas importantes asociadas a la exposición a partículas finas. La OMS estima que el 89 % de las muertes prematuras asociadas a la contaminación del aire exterior ocurren en países de ingresos bajos y medios, con las mayores cargas en sus regiones de Asia Sudoriental y el Pacífico Occidental. Si se repiten episodios como el incendio de Cerro Patacón, la contaminación del aire puede convertirse rápidamente en un asunto de salud pública. El verdadero desafío de Panamá no es solamente reducir emisiones: es medir de manera continua, ampliar la cobertura de monitoreo y convertir esos datos en información accesible para proteger a la población. Panamá probablemente tiene una situación atmosférica mucho mejor que los grandes focos mundiales de contaminación, pero todavía conoce insuficientemente la exposición real de su población. El vacío de información es, en sí mismo, parte del problema. El autor es especialista en geógrafo y especialista en recursos hídricos y cambio climático.
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