Por Juan David Escobar Valencia - opinion@elcolombiano.com.co
El rastro y el origen de las letras es tan antiguo e incierto que resulta difícil establecer con precisión su autoría, sin embargo las historias alrededor de ellas tienen gracia y tanto que enseñar como las palabras que forman cuando se agrupan.
Aunque no se puede apostar por su veracidad absoluta, hay una versión interesante sobre el origen de la séptima letra del alfabeto español, la 'G'. Su creación se atribuye a Spurius Carvilius Ruga, (Ruga de ahora en adelante) quien fue esclavo del cónsul romano Spurius Carvilius Maximus Ruga a quien este le otorgó libertad y casi todo su nombre, menos lo de 'Maximus', porque era demasiada generosidad. El liberto Ruga, como todo ex-esclavo que debía buscar de qué vivir, se convirtió en profesor y dicen que fue el primero en abrir una escuela primaria privada en Roma, aunque probablemente existían otras; así como su ex-amo 'Maximus' también dicen que fue el primer romano en divorciarse, no obstante la ley de divorcio existía desde hacía dos siglos atrás.
Si Ruga hubiera nacido dos siglos después, tal vez no hubiera tenido que dedicarse a la docencia ―que no es algo malo, así tengas un sueldo apenas un poco mejor que el que oficialmente tenía un Cónsul Romano: cero monedas― porque el erudito, historiador y estudioso emperador Claudio (espécimen raro de la dinastía Julio-Claudia que gobernó entre su antecesor Calígula y su sucesor Nerón, y a quien le gustaban mucho las 'letras' pues inventó 3 que logró agregar 'temporalmente' a las 21 existentes del alfabeto latino), fomentó el acceso de libertos a la categoría de funcionarios públicos y administradores del imperio. Caigo en cuenta de que tuvimos de 'presidente' a alguien que bien pudo ser una infernal reencarnación combinada de un desbordado libertino y un incendiario irresponsable. Prosigo para no percudir el cuento.
El sonido de la /g/ existía tiempo atrás, pero la letra 'C' se usaba tanto para escribir su fonema como el de la /k/. Si el libro de contabilidad de su escuela se hubiese conservado, la firma del ex-esclavo y profesor Ruga debía aparecer en la planilla de la nómina así: SPVRIVS CARVILIVS RVCA.
Sin la 'G' el mundo hubiera continuado su marcha, pero no sería igual al que tenemos hoy. Tal vez no hubiese sido necesario inventar la 'diéresis', dos punticos que galopan encima de la letra 'U' cuando está precedida de la 'G' y seguida de una 'E' o un 'I'. El mundo de la 'Gerencia' sería otro, aunque pretenden hacernos creer que está extinta y lo único que existe es el 'liderazGo'. La 'pucha', tradicional unidad de medida colombiana de peso y volumen hubiera reinado sobre el 'Gramo'. La 'Guerra' tendría otra apariencia y los freudianos gastarían más saliva porque no podrían hablar del 'Goce' sino de: 'satisfacción inconsciente que va más allá del principio del placer e incluye el dolor o el sufrimiento'.
Quizás la historia de la 'letra' G no provoque tanto placer como el 'punto', y a otros les gustará más una dosis triple de la X, pero de eso mejor no escribo porque de pronto me regañan en el periódico por 'Guarro'.
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