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Emma Riverola

El laberinto de Ceuta

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Y tú, ¿de qué conspiración eres? La crisis de Ceuta se ha convertido en un terreno fértil para las más variadas teorías. La implicación de Marruecos parece evidente, queda por dirimir su papel. Si su inacción fue fruto de la inoperancia, de sus juegos perversos con la inmigración o de la voluntad de asfixiar Ceuta (y Melilla) y reforzar su control del Estrecho de Gibraltar. Más allá de las ambiciones marroquíes, la escena de la conspiración suma otros actores, desde la liga internacional de los guerreros -EEUU, Israel, Rusia y el magma fascistoide como amplificadores de la crisis- hasta presuntos sectores internos del Estado prestos a derribar al gobierno progresista. También hay subtramas que señalan un posible chantaje a Pedro Sánchez después del espionaje de su móvil. O teorías más locas como el interés del presidente en provocar un estallido social, decretar el estado de alarma y perpetuarse en el poder o, incluso, la presunta mano de Zapatero en la ocultación del informe policial a Marlaska. Al margen de las intrigas más o menos extravagantes, resulta inapelable la mala gestión de la crisis ceutí. Injustificable porque la lenta reacción del gobierno exacerbó la crisis humanitaria e inadmisible porque ha dado alas a la ultraderecha. A partir de ahora, todos los argumentos a favor de un abordaje positivo y humanitario del fenómeno migratorio toparán con las imágenes de la avalancha humana y de las calles tomadas por el deambular exhausto de miles de hambrientos. Justificadamente, los ceutíes han sentido y sienten miedo. Su temor alimenta el discurso ultra. En el mundo se están acelerando los movimientos migratorios provocados por el incremento de los conflictos armados, las tensiones sociopolíticas y el cambio climático. Se calcula que amplias regiones de la Tierra comenzarán a volverse inhabitables dentro de 30, 50 años. La externalización de las fronteras y la cesión de su control a países no democráticos nos convierte en rehenes de sus chantajes. En la próxima provocación, ¿qué instrumentos, qué armas propone utilizar la ultraderecha para evitar la llegada de multitudes en busca de la supervivencia? ¿Cómo se aborda una crisis humanitaria colosal cuando se promueve hasta la devolución ilegal de los menores? ¿Hay que romper relaciones con Marruecos? ¿Doblegarse a la política de esos hombres fuertes que, como Putin, Netanyahu o Trump, solo han hecho el mundo más inseguro y más pobre? Ceuta quizá sea el fin del gobierno progresista, pero también es la entrada a un laberinto inquietante. Por todo el planeta se extiende el rechazo al migrante, convertido en el chivo expiatorio de unos gobiernos más interesados en proteger a los nuevos y viejos oligarcas que en proporcionar prosperidad a su población. En lugar de gestionar los flujos migratorios para beneficio de todos, se utilizan para forzar la deriva autoritaria de los gobernantes. La desigualdad crece al mismo ritmo que la impotencia, la rabia y el egoísmo. Solo fuera de ese laberinto pueden crearse escenarios de esperanza.
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