AN

Antonio Piedra

El traidor contumaz

Image
Tras un mes y medio de la invasión de Ceuta, los que abrigaban la más mínima duda, ya saben a estas alturas lo que hay que saber. Nadie, absolutamente nadie en su sano juicio, confunde ya la realidad con los destrozos de una fantasía sanchunera. El hecho contante y sonante es que el sultán Mohamed VI y Pedro Sánchez son pareja de hecho. No se escandalicen con esta majadería. Lo diré en metáfora mondonguera: forman un dúo de cama, de un latrocinio morganático, y de una unión mística tan penetrante y ensimismada, que nunca se ha visto algo parecido en política. La jaima del moranco –todo Marruecos es su jaima de colores geométricos en marcha verde–, y las 17 saunas de Begoña –toda España es una inmensa casa de citas y de cuartos oscuros, en donde, si uno cojea, el otro renquea –, conforman la misma parihuela híbrida. Es tal la confluencia de pareceres, y el amor político es tan ciego, que ya lo decía Calderón de la Barca en su famosa comedia Antes que todo es mi dama: «Amor e infierno todo es uno mismo». Los hechos en cascada durante la semana pasada han sido apoteósicos y continuos por parte de Pedro Sánchez hacia su dama o damo. He aquí los más singulares. Domingo 30: el Gobierno aclara que «no sabe» cuántos invasores hay escondidos, y el PSOE prohíbe a la militancia acudir a las concentraciones por Ceuta. Lunes 31: «el Presidente sirena», y su gobierno playero, declaran que Marruecos ha tenido una «cooperación positiva en el ámbito migratorio», atacan al Rey de España –«lleva reinando más de 20 años, ¿cuántas veces ha ido a Ceuta?»–, y el mamporrero de Mohamed, exhausto de tanta paja en barbecho, reclama su «derecho a descansar». Martes 1: el tirano va a la Ser en calzón transparente: «la alternancia no está mal (…) pero es que hoy no tenemos una propuesta de alternancia»; al mismo tiempo que suprime la democracia de un plumazo, las urgencias se petan de invasores por la ingesta de cocaína y cannabis. Miércoles 2: el invasor consorte desde la Moncloa hace una exhibición de gran cetáceo tumbado a la bartola, y felicita a los caballas por «garantizar una atención digna a quienes han llegado»; mientras, Marlaska exige cortar cabezas por las filtraciones del informe policial sobre la invasión, y cientos de miles de manifestantes en toda España le gritan« dimisión», «traidor» e «hijo de puta». Jueves 3: más de lo mismo. Viernes 4: el tirano multa a los manifestantes en la Mareta, y reduce a 8 los policías de frontera. Sábado 5: el hijo de Pegasus, envía a Ceuta un buque con colchones tempur para los invasores. Hechos voluntariosos y delictivos, que ponen los pelos de punta, porque delatan la condición marrueca del Presidente de las Españas como algo innato e incontrolable. Sobre todas las consideraciones y calificativos que puedan darse en política para que discutan los alumnos del primer curso de primaria, lo que manifiestan estas evidencias forenses es que estamos ante un traidor contumaz, ante un tirano explosivo que, sabiendo que sus propuestas son una aberración constitucional y democrática, se mantiene en sus trece. Sus modelos históricos, y revividos ahora mismo en sus mínimos detalles, son el conde don Julián, que fue Gobernador de Ceuta en el 711, y don Oppas, el obispo renegado de Sevilla que abrazó el islamismo radical. La traición de estos dos sujetos al derecho romano y a la monarquía visigoda, inauguró 800 años de caos mesiánico en España. ¿Cuánto durará la traición a España y a los españoles de Julián Sánchez y de Oppas Pérez-Castejón? Vistos los hechos que apuntalan la nueva invasión de las hordas islámicas, comandadas por el Sultán de Marruecos y por su devoto acólito desde el mihrab de la Moncloa, la intentona, si Dios no lo remedia, va para largo. De momento, el traidor recalcitrante y desatado, no se da por enterado, y dice, y lo repiten sus compinches con jeta retráctil, que de invasión nada, que esto es una crisis migratoria que tienen que pagar, en primer término, los ceutíes porque son los okupas centenarios de una ciudad que no les pertenece. Y tienen que sostenerla, en según lugar, el resto de españoles –menos catalanes y vascos–, porque la geopolítica sanchunera, a cuarenta grados a la sombra, tiene que «defender la vida humana» de los invasores sobre todas las cosas, según Julián Oppas II. Qué poco original. Se trata de un argumento trasnochado, que el voraz Sánchez ha copiado de José Bono tan moruno como él. Siendo Ministro de Defensa en 2005 con Rodríguez Zapatero, lanzó, el hoy multimillonario, esta patochada suicida en el mismo corazón del Imperio en Washington, y con destino a secuaces de corto alcance: «Yo prefiero que me maten a matar». Así que esta invasión infantil –el que entra en España ilegalmente se queda legalmente con todo– durará lo que el traidor desbocado dure, pues para él se trata de una inmolación dichosa a manos de unos libertadores providenciales. Este desenfreno sanchunero durará hasta que la oposición se lo tome en serio, y ponga a 80 diputados para pedir su enjuiciamiento por alta traición. No lo harán. Sólo quieren «echar a Sánchez democrática y contundentemente», según Feijóo. O sea, que a cascarla a Parla o a Rabat. Durará la razia hasta que el pueblo español, en vez de manifestarse por miles, lo haga por millones. Mientras no ocurra así, el traidor frenético nos conducirá hasta el trono del Sultán de Marruecos como corderos en la Fiesta del Sacrificio. Conmigo que no cuenten. Tengo la piel muy dura, las carnes tolendas parecen cartílagos plastificados, y conservo la lengua con todas las agilidades de un hombre libre para decirle al traidor desorejado que delenda est tyrannia.
El traidor contumaz
View on original source
Share
Archive
Like

(0)Comments

 

Related Opinion

A note on cookies

Newshunt uses essential cookies to keep you signed in and to remember your language and country, so the site works the way you expect. With your permission, we'd also like to use analytics cookies to understand how people use Newshunt and improve it over time.

Accepting only affects analytics. To learn more, view our Privacy Policy or Terms & Conditions.