¿Quieres resumir esta noticia? Clic aquí Resumen
Destacados
Preguntas y respuestas
Él le propuso matrimonio, y ella aceptó al punto. En esa época el hombre se casaba cuando quería, y la mujer cuando podía. "No te pido nada para mí, Señor -había rezado devotamente ella-, pero mándale un yerno a mi mamá". La boda se efectuó en Guadalajara, pues ahí vivían ambos, pero inmediatamente después del casamiento emprendieron el viaje a Colima, porque de esa ciudad era ella. Iban en cochecito de caballos guiado por el novio. Tan pronto salieron de la ciudad, y se vieron en paraje solitario, él mostró urentes deseos de consumar ahí mismo el matrimonio. Ella lo contuvo, pudorosa. Le dijo: "Espera a que lleguemos a Colima". Preguntó el galán, ansioso: "¿Cómo sabré que ya estamos en Colima?". Contestó la desposada: "Cuando veas palmeras con cocos, ahí es Colima". Siguieron el viaje. Una y otra vez él requería a su dulcinea, y una y otra vez la púdica muchacha lo contenía: "Espera a que lleguemos a Colima. Espera a que veamos cocos". Llegó la hora de comer. Buscó el novio un sitio adecuado para el condumio, y lo halló en un ameno soto de la floresta, junto a un arroyuelo murmurante. Tendieron un mantel sobre el de grama césped no desnudo (la expresión es de Góngora), y disfrutaron cumplidamente de las viandas que llevaban para la ocasión. Acabada la pitanza -dicho sea sin intención segunda- él se acercó a ella, amoroso. En aras de la verdad debo decir que había acompañado la comida con media botella de un tinto incitador, y como bajativo se despachó también un par de copas de coñac. Eso hizo que resurgieran en él las ansias de celebrar ahí la anhelada consumación nupcial. Ceres, la deidad de los frutos de la tierra, y Baco, el dios del vino, convocan siempre a Venus, la diosa del amor. Así, el febricitante galán tomó en sus brazos a su desposada. Otra vez le dijo ella, apurada: "Espera a que lleguemos a Colima". Exclamó entonces el novio respirando con agitación: "¡Aquí es Colima, y aunque no haya cocos!". En la memoria de los colimotes, o sea de los colimenses, quedó por muchos años esa frase, usada para significar que por encima de toda circunstancia era llegada la ocasión de llevar a cabo alguna acción deseada. Otros equivalentes hay de esa frase: "Pa' luego es tarde"; "A lo que te truje, Chencha"; "Si nos hemos de morir ya vámonos enfermando", etcétera. En Colima, la Presidenta Sheinbaum hubo de escuchar reclamos de ciudadanos inconformes. Los llamó "irrespetuosos", y en uso de los modales de su antecesor los tachó de ser representantes del prian, como si esos entes, el PRI y el PAN, existieran todavía. Sin el carisma de AMLO, sin su desfachatez, la Presidenta se ve poco capaz de hacer frente a situaciones incómodas cuando se ve obligada a dejar su zona de confort, el Palacio Nacional, y no tiene ante sí únicamente a incondicionales morenistas. Desde luego ha de reconocerse el llamado que en esa ocasión hizo para evitar cualquier violencia contra sus cuestionadores, pero sería preferible que evitara descalificarlos, pues sus señalamientos pueden precisamente provocar violencia. Llamar al diálogo será siempre mejor que aplicar a los ciudadanos etiquetas agraviantes. Todos somos mexicanos. He cumplido por hoy mi deber de orientar a la República. Puedo por tanto caminar ahora por senderos de mayor solaz y esparcimiento... Don Cacariolo, señor de mucha edad, fue a una casa desafinada, o sea de mala nota, y se recluyó en un cuarto con una de las damas que ahí prestaban sus servicios. Como tardaban en salir la madama del establecimiento llamó cautelosamente a la puerta: "¿Se puede?". Desde adentro se oyó apenas la voz feble de don Cacariolo: "Se trata". FIN.
(0)Comments