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Alicia García Herrero

La fractura asimétrica de la IA y lo que significa para Europa

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A lo largo del último año han comenzado a tomar forma dos arquitecturas rivales en el ámbito de la inteligencia artificial (IA). En diciembre de 2025, Estados Unidos puso en marcha Pax Silica, una coalición liderada por el Departamento de Estado cuyo objetivo es garantizar la seguridad de las cadenas de suministro -minerales críticos, semiconductores e infraestructura de IA- en las que se basa esta tecnología.Siete meses después, en julio de 2026, China reunió a 29 países en Shanghái para fundar la Organización Mundial de Cooperación en Inteligencia Artificial (WAICO), un organismo intergubernamental dirigido al Sur Global.Ninguno de los dos constituye todavía un bloque consolidado; ambos siguen en proceso de formación. Aun así, según las informaciones publicadas recientemente, Washington advirtió a los firmantes de su Declaración sobre la Oportunidad de la IA de que no pueden pertenecer a ambos: "Quien quiere estar en todo acaba por no estar en nada". La reacción instintiva es preguntarse si la IA podría dividirse en dos y, de ser así, en qué punto de la cadena de producción de IA es más fácil que esto ocurra. Para abordar este tema parece útil comparar la IA con tecnologías anteriores en lo que respecta a la bifurcación o fragmentación frente a la globalización. Internet y el sistema telefónico se fragmentaron en la superficie, especialmente en China con el Gran Cortafuegos (Chinese wall y nunca mejor dicho), pero también, de manera más general, a través de las normas de localización de datos y los controles nacionales que hicieron imposible que las grandes tecnológicas americanas operaran en China. Aun así, Internet nunca se fragmentó en la base, porque una red tiene más valor cuanto a más personas llega, y ningún rival podía permitirse un sustrato independiente. No está claro que la IA obedezca la misma regla. Que la IA se divida, y hasta qué punto, depende de qué capas pueda controlar un único actor, y ya podemos observar que algunos componentes clave de la cadena tecnológica están bifurcándose, es decir, separándose entre Estados Unidos y China. Empezando por lo más fácil, la capa de hardware es uno de los pilares fundamentales de la arquitectura y, como tal, Estados Unidos -que lleva mucho tiempo dominando esta capa- ha intentado protegerla mediante controles de exportación. Los chips avanzados, la litografía avanzada– que por cierto domina Europa (a través de la empresa holandesa ASML) -con la que se fabrican dichos chips son los ámbitos donde EEUU está imponiendo controles a la exportación para ralentizar a China en la carrera por el dominio de la IA. Es obvio que dichos controles no pueden ser perfectos especialmente porque China está poniendo todos los recursos a su alcance para evitar el problema, lo que ha llevado a un enorme mercado negro de chips avanzados pero también al rápido avance tecnológico chino en este ámbito produciendo sus propios chips de IA y muy probablemente pronto también las máquinas de litografía con consecuencias muy negativas para la indispensabilidad de Europa en esta carrera al basarse en este único nodo. Así, uno de los aspectos clave de Pax Silica es la coordinación de dichos puntos estratégicos -entre los miembros que ostentan ese poder-, pero también el acceso a chips al margen de los controles de exportación y a una infraestructura informática compartida. Lo que es mucho más difícil para cualquiera es el control del uso de los modelos de lenguaje de gran tamaño (LLM según siglas en inglés), y es aquí donde la ambición de bifurcar se enfrenta a la realidad. Los modelos de peso abierto -como DeepSeek, Qwen o Kimi- ya se descargan y utilizan en todo el mundo, y una vez publicados, sus pesos no pueden retirarse. Restringir el uso de estos modelos implicaría supervisar a todos los desarrolladores y empresas que los ejecutan; sancionar la destilación -el proceso por el que un modelo más barato se entrena a partir de las respuestas de otro más potente- es enormemente complicado porque esta práctica apenas deja rastro. Ni siquiera cortar el acceso a los sistemas de vanguardia patentados -como hizo brevemente este año Anthropic con los usuarios fuera de Estados Unidos- es una solución sostenible porque las enormes inversiones realizadas por las empresas americanas para desarrollar estos modelos requieren su uso fuera de sus fronteras y los ingresos que vienen con ello. En resumen, mientras que los chips se pueden contar y detener, al menos parcialmente, las capacidades de los modelos se difunden, y ningún régimen de exportación ideado hasta ahora puede contenerlas. TE PUEDE INTERESAR Propaganda comunista o golazo a Silicon Valley: qué ocurre con la IA china de la que todos hablan POR M. Mcloughlin El resultado realista, por tanto, no es una frontera hermética, sino una división asimétrica: una auténtica fractura a nivel de hardware e infraestructura, bajo una capa de software que sigue siendo permeable. La consecuencia de todo esto será que se desarrollen dos ecosistemas de chips, dos conjuntos de estándares e infraestructura duplicada pero porosa, porque para los modelos difícilmente puede haber fronteras. Esto explica la presión diplomática por ambos frentes: Washington, al convertir una coalición de la cadena de suministro en una prueba de lealtad; y Pekín, al convertir a la WAICO en un organismo permanente que habla en nombre del Sur Global, con el llamamiento de Xi Jinping a un orden en el que "ningún país debería dominar" pero haciendo de este lema su propia apuesta por el liderazgo. Lo que todo esto puede significar para Europa se atisba con el caso de Singapur, miembro fundador de la Pax Silica pero viviendo un aumento acelerado del uso de modelos abiertos chinos, dado su menor coste y la preocupación porque EEUU siga imponiendo barreras para el uso de sus modelos más avanzados como ya ocurrió anteriormente. Prohibir el uso de modelos chinos no parece apropiado pero la gran pregunta es si eso es lo que el gobierno americano (bajo Pax Silica) podría reclamar. Europa se encuentra en la misma situación, pero con mucho más en juego. Su reciente legislación en materia de soberanía -la Ley de Desarrollo de la Nube y la Inteligencia Artificial aprobada por la Comisión en junio- que aspira a aumentar la soberanía europea en inteligencia artificial va a ser cada vez más difícil de aplicar con iniciativas como Pax Silica o WAICO. De hecho, la UE ya ha firmado la Declaración de la Pax Silica, alineándose con la postura estadounidense. O sea que, mientras que Europa trabaja para legislar una tercera vía en la IA, su firma ya la ha llevado por el camino de Estados Unidos. La realidad es que Europa aún cuenta con su posición estratégica en litografía, lo que - utilizada de manera inteligente – podría darnos algo de margen para negociar con EEUU mayor espacio para nuestra soberanía digital. El problema es que el tiempo apremia puesto que China ya está acortando las distancias y en Europa seguimos empantanados con nuestra lentitud para resolver problemas clave para nuestro futuro.
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