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Juan Bas

Juan Bas: Cárceles de alquiler

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Durante el prodigioso Siglo de Oro fueron posibles Velázquez y Quevedo, pero también usos y prácticas de lóbrega sordidez. Por ejemplo, en las precarias fondas ... y posadas de la época, la manera más barata de dormir bajo techado era en las camas que se conocían como «media con limpio». La definición es sencilla: se compartía lecho con otro cristiano, de quien el mesonero aseguraba que estaba aseado; un acto de fe. Lo que me lleva a la Santa Inquisición, cuyo extremo condenatorio, la hoguera, se celebraba en los autos de fe. Mas no olvidemos que el poder eclesiástico juzgaba y condenaba, pero la ejecución de las penas la llevaba a cabo el poder secular y asociados, con lo que llego a los familiares de la Inquisición. Se denominaban familiares de la Inquisición a aquellas personas que colaboraban voluntariamente con el Santo Oficio. Desempeñaban tareas de espionaje, ayudaban a los alguaciles en las detenciones e incluso, cuando los calabozos estaban repletos, ofrecían habitaciones de sus casas a modo de celdas. Sobre todo, se trataba de delatores que permanecían en el anonimato. Era una forma eficaz de quitarse de encima a los acreedores, enemigos o rivales. También servía para conseguir una bula de limpieza de sangre que evitaba ser tomado por morisco o judío. Lope de Vega, que alcanzó gran fama con sus obras de teatro y era cura, fue familiar de la Inquisición. Leo la noticia de que Suecia, la cual tiene sus cárceles llenas por proliferación del crimen organizado y endurecimiento de penas, pagará más de treinta millones de euros anuales a Estonia para que cumplan pena allí unos centenares de presos. No es la primera vez que se hace. Bélgica y Noruega llegaron al mismo acuerdo con los Países Bajos y Dinamarca con Kosovo. La rehabilitación y camino para reintegrarse en la sociedad cumpliendo la pena, adquiere una todavía mayor condición de filfa si el Estado que te condena se desentiende de tenerte en su sistema penitenciario y te manda a casa Dios. No creo que sea lo mismo estar en un trullo danés que en uno de Kosovo. Además de la dificultad de distancia para las visitas de los familiares. Si esta tendencia prospera, las sanas leyes de la oferta y la demanda harán más dura la vida de los presidiarios. Por ejemplo, oferta de trena bonita y barata en los Cárpatos, o chirona muy apañada en el corazón de Albania. Sin olvidar las cárceles privadas, que no toda la iniciativa va a ser para pisos turísticos. Funcionan ya bastantes en Estados Unidos y Gran Bretaña. En el extremo, por ahora, está el campo de concentración de Bukele en El Salvador, donde Trump manda a deportados mediante un acuerdo vergonzoso. Ahí sí que «media con limpio», aunque el susodicho apeste a letrina, es un lujo.
Juan Bas: Cárceles de alquiler
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