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Mildred Hernández

«Y por brújula, un reloj»: un libro de poesía, unas instrucciones, un ritual

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Cuando recibí la invitación de la Ediciones del Pensativo para presentar el más reciente libro de Vania Vargas, me sentí sumamente halagado, después pensé en la responsabilidad que conlleva hacer un comentario sobre un nuevo libro y más, tratándose de uno escrito por una de las más altas poetas de Mesoamérica. Luego de pensar mucho, automáticamente vino a mi mente el gesto de Yoko Ono y Jhon Lennon en «Pomelo, un libro de instrucciones de Yoko Ono» publicado en Tokio en el año 1964, en el que la presentación del libro dice literalmente así: «Hola, me llamo John Lennon y quiero presentarles a Yoko Ono» y eso es todo. Vaya gesto transgresor frente a la aburrida parafernalia en que a veces caen los círculos de eruditos, y simplemente decir: no hay nada que comentar sobre este libro porque el libro lo dice y lo contiene todo. * Hace unos días se presentó también el libro Xelajuj en la historia antigua del antropólogo Carlos Fredy Ochoa, un interesante recorrido sobre los títulos que se escribieron por este territorio en el siglo XVI, los mismos que ahora están en manos de coleccionistas y universidades en Estados Unidos. En estos títulos se dan registro de la forma en que las sociedades que nos antecedieron se organizaron y trataron de resguardar una parte de la memoria que ahora también nos habita. Los «AjXelajuj» o los que escribieron nuestra historia desde este territorio, son nada más y nada menos la raíz de la que venimos todas y todos los que hemos decidido registrar lo que vemos y lo convertimos en lenguaje, en palabra. Vania es eso, una AjXelajuj que está dejando apuntes de este tiempo que nos tocó compartir, conocimiento milenario que la habita, Vania es el Lajun Noj, Vania es el Lajuj Kej es la piedra sobre la piedra, es la ciudad amurallada que permanece continua en el tiempo. * ¿En dónde quedarán nuestros restos? ¿En dónde descansarán los poemas que se están escribiendo? * «Trato de llevar lo privado a lo público, lo oculto y revelarlo; llevar un pedazo de la imposibilidad de la materia cargada de profunda presencia energética que marca el tiempo. La especificidad que trae del pasado y el presente, un testimonio» , Antonio Pichillá. En Y por brújula, un reloj se crea un vaso comunicante entre el poema y la propuesta visual de artistas como Antonio Pichillá en donde se plantea un paisaje suspendido fuera del tiempo, una continuidad plena que salta de las maneras convencionales que hemos aprendido a contarlo —el tiempo— fuera de la tensión que produce poner el pasado, presente y futuro en líneas opuestas, para entrar en otra dimensión en donde todo permanece en completa quietud. * Vania ritualiza el tiempo, lo ve, lo siente, lo huele. El tiempo en la mirada de una poeta —una poeta de verdad— que lejos de cualquier otro tipo de interés que priva al poema de poesía como frecuentemente sucede, se ve de frente al fenómeno que llama su atención y no explica, simplemente lo describe. Y por brújula un reloj no es solamente un libro de poemas, es una serie de instrucciones que todas y todos aquellos que intentamos escribir poesía debemos de considerar. Un ejercicio de silencios, de imágenes cotidianas, palabras sencillas que encierran preguntas profundas, un diálogo con aquello que habita aunque no se vea, un poemario en apariencia pequeño que deja ver el oficio de una poeta que se toma en serio este trabajo de construir imágenes y trabajar minuciosamente para entregarnos un texto limpio y claro, algo que cuesta mucho encontrar. * Para Byung-Chul Han , los rituales se pueden definir como técnicas simbólicas de instalación en un hogar. Transforman el «estar en el mundo» en un «estar en casa», hacen del mundo un lugar fiable. Son en el tiempo lo que una vivienda es en el espacio. Hacen habitable el tiempo, es más, hacen que se pueda celebrar el tiempo igual que se festeja la instalación de una casa. Ordenan el tiempo, lo condicionan . En una época de consumo y autoexplotación en la que todo es inmediato y efímero, ejercicios como el de Vania Vargas son los gestos más revolucionarios y transgresores. Elegir la contemplación, reconocer y nombrar desde la pausa y la profundidad es lo que sigue dotando de esperanza a la humanidad. El tiempo sigue avanzando, pero quedan las palabras, queda la poesía, algo de nosotros también queda. * La historia oficial —contada desde formas racializadas y heteronormativas— da cuenta e que el origen del arte guatemalteco del siglo XX hasta nuestros días se inició en Xelajú con el legado de la generación del 10, conformada por Carlos Mérida, Rafael Yela Günter, Carlos Valentí, entre otros. Aunque en realidad el conocimiento y los principios estéticos de este territorio evidencian una vasta tradición ancestral que hasta la fecha no se reconoce del todo. Hablar, investigar y dar a conocer el trabajo que varias mujeres han hecho en el circuito del arte regional sigue siendo una tarea pendiente. Desde inicios del siglo XXI hemos sido testigos del surgimiento de voces de mujeres que han ocupado espacios en la literatura, el teatro, la danza y la plástica local, en ese contexto, la obra de Vania Vargas sin dudarlo debe ser puesta bajo el adjetivo de fundacional, su influencia es notoria en las nuevos discursos poéticos, además su obra es leída en buena parte de América Latina y el mundo. Estamos pues, frente a esta poeta que ahora nos regala una mirada íntima y sencilla sobre el tiempo, una brújula y también, un reloj.
«Y por brújula, un reloj»: un libro de poesía, unas instrucciones, un ritual
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