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La mala y falsa benevolencia

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Los elogios, cuando no se corresponden con los hechos, se convierten en negativos y perjudiciales, porque engañan al propio supuesto beneficiado, que se convence cada vez más de que lo está haciendo bien y lleva la línea correcta. Más tarde o temprano se enfrentará a la cruda realidad y le será muchísimo más difícil corregirla que si desde un principio hubiera empezado a limar sus defectos e intentar evitar sus errores, porque alguien le hubiera advertido de ello. El 'peloteo' siempre es malo y, como bien dice el refranero popular, 'quien te quiere de verdad, te hará llorar', siempre de acuerdo a unos límites de severidad. Esta falsa circunstancia es cada vez más común entre los novilleros que empiezan a aprender el oficio más difícil y bonito del mundo a la vez. Antes, nos cuentan aficionados taurinos ya muy mayores y algunos documentos históricos, sucedía todo lo contrario, porque eran juzgados con criterios muy duros, por lo que quienes pasaban esa etapa iniciática de aprendizaje llegaban bien preparados para iniciar con éxito la de matadores, tanto en el aspecto mental como físico. La mala benevolencia nunca puede ser una buena consejera, mientras que la sinceridad sí lo es, aunque sea dura. No se pueden alabar 'trampas' o 'ventajas' en el toreo utilizadas para que resulten más efectivas o eficaces, porque el público en general no se entera por su falta de conocimientos, y para lograr la fácil y falsa concesión de trofeos por parte de esos presidentes de festejos preocupados más en quedar bien que en valorar con lógica las faenas o en hacer cumplir el reglamento taurino. Son ya habituales las alabanzas a estocadas bajas o traseras, pases con el pico de la muleta, enganchones continuos, pares de banderillas a pitón pasado o carreritas sin ton ni son delante de los novillos. Lo peor de todo ello es que estas inadmisibles acciones no solo son aplaudidas por los espectadores ocasionales, que no saben ni les interesa mucho si lo que están viendo tiene más o menos verdad, sino también por parte de profesionales taurinos, periodistas y líderes de opinión. No es admisible dar trofeos por bajonazos o trapazos insulsos, porque además confunden y perjudican al novillero de cara al futuro. Esas 'artimañas' al final se pagan más tarde o temprano. Y cuanto más tarde en llegar el desengaño, mucho peor, porque los traidores consejos de conveniencia crean vicios que cada vez se enquistan más, por lo que sus consecuencias son mucho más graves con el paso del tiempo, mientras que sus beneficios son puntuales e incluso nulos. Existen también muchos intereses económicos detrás de estos elogios hipócritas, por parte de los 'buitres' que merodean alrededor de los novilleros y sus familiares y mecenas, en busca de 'ponedores' que llenen sus bolsillos a base de pagar por torear, es decir, por jugarse la vida. Un delito tan grave como inadmisible. Otro motivo más para desechar toda esta benevolencia enmascarada con gritos de '¡Olé!' y comentarios como 'qué gran talento tiene este niño para convertirse en figura del toreo. Unos miles de euros para que empiece a funcionar, y lo conseguimos en un par de temporadas'. Malditos sinvergüenzas sin escrúpulos. No es tampoco justificable la benevolencia surgida de los que solo quieren siempre quedar bien. Los diplomáticos que dicen hacia fuera todo lo contrario de lo que piensan, por no complicarse la vida. A algunos de ellos les imponen esta actitud desde las altas esferas de las empresas de las que son asalariados o de las asociaciones de las que forman parte. Seguimos anclados en esa traicionera línea que impone que en la Tauromaquia todo tiene que ser bonito, triunfalista y festivo. Si piensas lo contrario, te acusan de antitaurino. Y la realidad es que nuestro arte milenario es un rito legendario duro y difícil. Sus caminos también lo son, aunque al final esta disciplina artística universal nos genera la mayor de las alegrías y la felicidad más plena. Antes de llegar a la sublimación de contemplar un majestuoso natural, es necesario que el torero reciba más de una advertencia y crítica para que alcance esa obra tan bella. Si aplaudimos y vitoreamos los pases con el pico, hacia fuera y por alto, jamás disfrutaremos del placer y el éxtasis de ver cómo humilla un animal bravo y majestuoso para seguir un trapo, hasta enroscarse en la cadera de un hombre y rendirse a sus pies. La única benevolencia admisible, aunque tampoco positiva al final, es la que sale del amor verdadero hacia un niño que sueña con ser torero. Por eso, se le atribuye una frase sabia al inolvidable Juan Belmonte. Cuando al 'Pasmo de Triana' le preguntaron si quería apoderar a un novillero, respondió que 'cuando esté huérfano, hablaremos'. Los padres en los tendidos y cuanto más lejos del ruedo, mejor. Al igual que toda la tribu de falsos, diplomáticos, cobardes e interesados aduladores que tanto daño hacen a los torerillos y a la Tauromaquia en general.
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