Eudaldo Gómez de Salazar, que falleció el pasado domingo a los 64 años, deja tras sí una huella que trasciende de sus tareas sindicales en el Ayuntamiento de Las Palmas. Pasó por la vida generoso y comprometido. Al frente de sus responsabilidades compaginó la negociación con el rigor y el conocimiento de la organización del personal de la plantilla municipal. Algo que heredó de otro sindicalista independiente de talla, pese a que las élites progresistas de la ciudad lo mantengan en el olvido, como Agustín Ferrera Troya.
Eu, como le llamaban los cercanos, asumió el legado y la filosofía de trabajo de perfil técnico de Agustín Ferrera. Éste entró en el Ayuntamiento de Las Palmas de Gran Canaria en 1979 como mozo de limpieza de las Casas de Socorro. Desempeñaría labores en numerosas áreas. Desde Contratación y Compras a Recaudación. Agustín llegó a asumir la gerencia de Personal en San Bartolomé de Tirajana. A su regreso a Las Palmas ejerció en Recursos Humanos hasta su prematuro fallecimiento en febrero de 2003.
Pasó en los 70 por Pueblo Canario Unido, que se integraría en la Unión del Pueblo Canario. La UPC marcaría una etapa, tal vez muy voluntarista y fallida, pero puesta en marcha con marchamo de autenticidad, para la izquierda de inspiración nacionalista.
Fue detenido en Madrid en 1980 junto al consejero del Cabildo de Gran Canaria Ernesto Luján cuando se dirigía a una cumbre de la OUA en Sierra Leona para entregar un informe sobre Canarias. No sé qué pensaría ahora, en un mundo unilateralista, de las repercusiones de las veleidades africanistas en este archipiélago.
La imagen de Ferrera por La Isleta cargado de periódicos locales, nacionales y económicos de color salmón era habitual. Leía, estaba al día y departía. Desde el bochinche Los Jamones de la calle Luján Pérez a las tertulias de radio con Esteban Morales. «Yo no sé dónde compran los que hacen el IPC, en mi supermercado seguro que no», sentenciaba sobre la evolución de los precios en una época en la que hasta el obispo Echarren advertía de un 'caracazo'. O sea, la posibilidad de que la escasez llevara a asaltos en los supermercados.
Ferrera participó en la construcción de Intersindical Canaria. Ayudó a coordinar la integración de la Confederación Autónoma Nacionalista Canaria (CANC), el Sindicato Obrero Canario (SOC), la Confederación Canaria de Trabajadores, el Sindicato de Trabajadores de la Enseñanza de Canarias (STEC) y el Sindicato Canario de la Salud. Sindicalistas de 'obediencia canaria' lograron con la confluencia acceder a negociaciones con Gobierno y empresarios hasta entonces reservadas a UGT y CCOO. El nacionalismo sindical se hacía representativo. Era un proceso muy similar al del ámbito político.
Tras la muerte de Agustín, las responsabilidades en el comité de empresa del Ayuntamiento de Las Palmas recayeron en Eudaldo, quien mantuvo la portavocía de Intersindical Canaria casi dos décadas. En los mandatos de José Manuel Soria se las tuvo con los ediles de Personal en defensa de los intereses de los trabajadores. Pero prueba de su independencia son los contenciosos con el gobierno municipal que presidía Jerónimo Saavedra. Ahí hubo quien le llegó a insultar por los pasillos.
Siempre con las puertas abiertas a la negociación, que en no pocas ocasiones resultaron fructíferas para los empleados públicos, batalló contra despidos y recortes que fueran más allá de lo asumible, el enchufismo o la privatización de Guaguas que impulsaban los socialistas.
Ya en la etapa de Juan José Cardona como alcalde se sumó a una escisión de Intersindical. Rechazaba lo que veía como falta de talante democrático en su organización. Creía que se negociaba poco en el Ayuntamiento y se litigaba mucho en los tribunales. «Para ir al Juzgado no hace falta un comité de empresa, sino un buen bufete de abogados», decía. Genio y figura. «We are the Sultans. We are the Sultans of Swing».
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