Cuando empecé en este oficio en 1982 a los fascistas españoles se les acababa de ir de las manos su nostalgia. Era octubre, a principios de mes. Acudí al aeropuerto de Gran Canaria, enviado por mi periódico, Canarias7 , a cubrir una rueda de prensa del candidato a La Moncloa por el PSOE, Felipe González . Estaba pletórico, convencido de su inminente victoria, contando a los presentes lo que iba a hacer después de formar gobierno. Yo le pregunté por la eventualidad de que pudiera no ganar o no gobernar. Y me contestó expeditivamente que no contemplaba un plan B, que iba a arrasar. Y así fue: el PSOE obtuvo nada menos que 202 diputados y comenzó entonces una era felipista que duró casi catorce años.
González y el PSOE emplearon para aquella campaña un eslogan muy potente: 'Por el cambio'. Y efectivamente, el régimen franquista se resistía a dar paso a los nuevos tiempos y aquel intento de golpe de estado de 1981 fue la principal demostración y seguramente lo que acabó empujando a muchísima gente a alejarse definitivamente de la UCD y apostar por el PSOE. El cambio significaba no solo pasar página respecto al franquismo y todos sus fantasmas, sino también remover de muchísimos puestos decisivos de las administraciones, de las fuerzas armadas y de las de seguridad del Estado a todos aquellos que no aceptaban la decisión democrática de los españoles de dar paso a los nuevos tiempos. ESA asignatura, por lo que se está viendo ahora, sigue pendiente porque a aquellos golpistas los han sucedido otros y hay más calentando en el banquillo.
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