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Maribel Ramírez Coronel

Seguro médico para adultos mayores; AXA busca voltear el modelo

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Hay una paradoja cruel en el mercado mexicano de gastos médicos mayores (GMM). Quien más tiempo lleva pagando su póliza —15, 20, 30 años de prima puntual— es con frecuencia a quien el sistema expulsa justo cuando más necesita atención. La razón: el precio de las primas para el adulto mayor se dispara hasta volverse impagable o simplemente esa cobertura se volvió casi inexistente. El Consejo Nacional de Población estima 16.5 millones de personas de 60 años o más; hacia 2030 serían 20.6 millones. No es un segmento insignificante. Todo lo contrario. Es una quinta parte del país. Pero hay un dato que no puede ignorarse: de los 14.6 millones de mexicanos que hoy tienen un seguro de GMM, más de 10 millones lo reciben como prestación del empleador. El portafolio, actuarialmente, es joven. Los mayores quedaron del lado incorrecto del cálculo. Esa exclusión no se explica solo con la edad. Daniel Bandle, director general de AXA Seguros en México, pone el dedo en el mecanismo que ha empujado las primas hacia arriba: el modelo histórico de libre elección de médico y hospital en las pólizas individuales. En sus palabras, los pocos mexicanos que podían comprarse ese privilegio lo exigían; el mercado se lo dio. Hospitales y médicos operaron, en la práctica, sin un filtro de primer contacto que ordenara la atención. El resultado es una inflación médica que consultoras como AON ubican en 2026 como la más alta del mundo, en torno a 14.8%, frente a la inflación general de 3.7%. No es el único factor —también pesan la creciente tecnología médica, medicamentos, siniestralidad y, en este año, el IVA que el asegurado termina pagando dos veces—, pero sí es el que Bandle señala como el más evitable: un sistema que hospitaliza caro lo que a veces debió resolverse antes, con un médico de cabecera y sin el incentivo de la cuenta abierta. Lanza AXA un seguro médico para adultos mayores En ese marco, AXA lanza un seguro médico sin límite de edad: para adultos mayores desde los 60 hasta más de 100 años. Es una versión senior del llamado Flex Plus Integral que la aseguradora ya opera para otras edades; ahora será sin límite máximo de contratación y con renovación vitalicia. Lo más interesante es que esta nueva opción se basa en un cambio de modelo: el costo se controlará, ya no desde el hospital, sino desde la atención de primer contacto: las clínicas AXA Keralty donde se dan consultas y video consultas ilimitadas de medicina general y ginecología, sin costo adicional; un check-up anual incluido en la prima (perfil de lípidos, hemoglobina glucosilada y, según valoración, antígeno prostático o papanicolaou). También, especialistas por referencia —medicina interna, traumatología, otorrinolaringología, urología, cirugía general, psiquiatría—, más un cupo de psicología y nutrición. Si el problema se resuelve en esa puerta de entrada, el asegurado no tiene por qué llegar al hospital. Pero en caso de que se requiera, el diagnóstico abre el paso a hospitales sede —en el Valle de México, Dalinde, San Ángel Inn y Médica Sur. Aquí la clave es que la atención empezará por el primer nivel o médico de cabecera, el esquema usado en el resto del mundo y que en México se resistió mientras el GMM individual se vendió como libertad absoluta. Bandle lo resume así: no es necesario llegar primero al especialista ni al gran hospital. Pasar por el médico familiar no sólo es más barato, es más eficiente. Eso tendrá que demostrarse. Pero por lo pronto AXA empezó a ofrecer dicho producto sin deducible ni coaseguro. La apuesta, sin embargo, nace con un gran límite. El nuevo seguro para adultos mayores de AXA operará sólo donde tiene sus clínicas AXA Keralty: 15 unidades en ciudades principales (Tijuana, Monterrey, Hermosillo, Chihuahua, Puebla, Valle de México, Toluca; Mérida en puerta). Bandle admite la limitación logística y se fija el objetivo de tener cobertura nacional en el primer trimestre de 2027. Aún no resuelven si será con más clínicas propias o mediante alianzas. O sea, promete que el producto estará en toda la República; el cómo están definiéndolo. La apuesta es audaz sobre todo por lo riesgosa; actuarialmente no hace sentido. Un producto solo para adultos mayores puede no ser rentable. La cuenta cierra —si cierra— en el negocio total de GMM individual: la base todavía significativa de asegurados más jóvenes terminaría financiando, en parte, el riesgo de los mayores. Hay topes de suma que acotan la exposición, pero el equilibrio es frágil. De un lado, el clamor legítimo de quienes se quedaron sin póliza. Del otro, la Comisión Nacional de Seguros y Fianzas y los accionistas que vigilarán con lupa el riesgo de pérdidas. Las modalidades lo confirman. De 60 a 80 años la suma asegurada va de 750 mil a 23.5 millones de pesos; de 81 a 90, de 750 mil a 1.4 millones; de 91 en adelante, 750 mil fijos. El siniestro medio de GMM ronda de 132 mil a 136 mil pesos: 750 mil no es la cobertura de un ejecutivo de 40 años, pero cubre varias veces el costo promedio de un evento. Las primas de referencia —porque varían por ciudad, suma, deducible y perfil— parten de unos 36,500 pesos anuales en CDMX (promedio cercano a 53,000) y de 40,700 en Monterrey (promedio cerca de 60,000). Un punto importante es que AXA asume el compromiso de topar el incremento anual de la prima en 15%; y lo baja a 12% si el asegurado se hace el check-up incluido. La selección médica, insiste Bandle, es la misma que para un joven: cuestionario, posibles exclusiones por preexistencias. Ya no hay ventanilla de rechazo por edad. Quien dejó de pagar su póliza en otra compañía puede intentar entrar. Nadie le garantiza la aceptación automática; sí le garantizan que no lo van a descartar por haber cumplido años. Con esto AXA está mostrando el hueco del modelo de GMM en México y, aun así, lanza un producto con un modelo disruptivo que busca quitarle el control de costos al hospital e imponer filtros controlados por el médico de cabecera. Ya veremos si le funciona a AXA, y si sí, quizá le sigan otras aseguradoras. ¿Será que aquellos GMM de libre elección irrestricta pudieran estar en vías de extinción en el futuro? Qué el brote en HGM sirva para vigilar las cocinas de hospitales El brote de Salmonella en el Hospital General de México —135 residentes afectados, hasta ayer 23 aún hospitalizados— no puede topar en un comedor cerrado. Ojalá active vigilancia real de la inocuidad en las cocinas hospitalarias. El secretario de Salud David Kershenobch ya ordenó revisar los servicios de alimentación en institutos, hospitales de referencia, IMSS, ISSSTE, IMSS-Bienestar y Pemex. De una vez, el sector debería publicar indicadores verificables: fecha de la última inspección sanitaria, resultados de laboratorio de alimentos, trazabilidad de huevo y pollo, bitácoras de temperatura, cumplimiento de análisis bacteriológicos contractuales y sanciones a prestadores. La transparencia es importante. Se trata del hospital emblemático del país. Esta vez el brote se concentró en residentes; igual de expuestos están los pacientes que también comen ahí. No basta suspender un comedor. La inocuidad en unidades médicas debe tratarse con el mismo rigor que un medicamento o un quirófano: contrato verificable, laboratorio y sanción. Pero además dar aviso formal a las universidades que envían residentes porque la UNAM dijo que se enteró por redes. Gestión de la sangre del paciente; preservar no sólo reponer En un reciente encuentro en la Facultad de Derecho de la UNAM se llegó a una conclusión clara: el Patient Blood Management (PBM) no puede seguir siendo un conjunto de experiencias hospitalarias aisladas. Viene un cambio de paradigma. En lugar de pensar primero en transfundir, propone preservar la salud sanguínea del paciente: prevenir y tratar la anemia, controlar las pérdidas y manejar oportunamente la coagulación. Eso mejora resultados clínicos y evita transfusiones innecesarias. México ya tiene pilotos e iniciativas institucionales. El reto es convertirlos en política pública nacional. Hace falta liderazgo, coordinación entre autoridades, hospitales y academia; un marco regulatorio que precise normas, estándares y vigilancia; capacitación profesional; indicadores que midan resultados; y participación informada de los pacientes. El aprovechamiento del plasma residual suma una oportunidad concreta: menos desperdicio y menor dependencia de importaciones. La carta de intención entre la Facultad de Derecho de la UNAM y la Sociedad Iberoamericana de PBM apunta en la dirección correcta: articular derecho, medicina y política pública. Ahora falta pasar de la mesa de trabajo a una estrategia nacional sostenida.
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