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Addis Tuñón

Yuridia: para interpretar hay que vivir

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Bienvenidos sean mis sensuales fama-lovers. Como saben, aquí somos libres de humo, no nos reservamos el derecho de admisión y analizamos a los famosos en todas las posiciones. Recuerdo que, de chavalita, mi idea del romance eran los finales de cuento y después de telenovela. En esos tiempos (los ochenta), los niños jugábamos en la calle hasta que nos metían a cenar y veíamos las telenovelas de la tarde. Con ello quiero decir que cuando Verónica Castro salió embarazada en El derecho de nacer y su mamá le dio tremenda bofetada, yo estaba al lado de mi abuelita viendo el dramón mientras chopeaba una galleta en leche. No entendí por qué tanta lloradera y mucho menos qué había hecho la futura mamá como para que le pegara la futura abuela. Igual pasaba con las canciones. Años después, los éxitos de la radio eran temas que las niñas nos aprendíamos y cantábamos sin tener idea de lo que decían: Fue una noche de copas, una noche loca, besé mil besos, olvidé tu boca, manché tu imagen, me perdí yo sola y ésa es la historia... Cantaba yo con un cepillo en la mano frente a mis abuelos paternos en la sala de la casa, intentando verme tan interesante como María Conchita Alonso. En mi inocencia de los 7 años tampoco entendí la zarandeada que me acomodó mi abuela Cuca, y que secundó un 'vete a tu cuarto' de mi papá. Les cuento esto porque cuando, años después, veía a niños cantar canciones de adultos en los concursos de televisión, vi lo ridículo que resulta un: Detrás de mi ventana, veo pasar la mañana en la espera de la noche... En la vocecita de una pequeña. Me opongo a esos desfiguros y también comprendo cómo fue que, teniendo sólo 18 años, Yuridia cantaba como nadie en La Academia, pero no le hacía sentir nada a Lolita Cortés. ¿Qué esperábamos? Yuridia era entonces una jovencita que seguramente tampoco comprendía el dolor de recordar el vino blanco, la noche y las viejas canciones, o cuyo cuerpo no temblaba aún de ganas al verle encendido. Lolita ha sido funada por años por esa crítica-presagio, retando a la incipiente artista a sacar al coloso que llevaba dentro. Este fin de semana, Yuridia y Lolita cimbraron a su público. Ya había abarrotado la Plaza de Toros, ahora el Estadio GNP Seguros. Y sí, miles de almas sintieron con sus interpretaciones. Yuridia tenía que enamorarse, parir un hijo, ser acosada por la prensa (o sentirse acosada por ella), enfrentar las críticas a su físico, vivir una separación, volverse a enamorar, volver a ser mamá... Yuridia tenía que vivir su vida y, en el trayecto, tomar cada lágrima y cada alegría para estallarlas en sentimiento. Yuridia, la intérprete, tenía que vivir para hacernos sentir. Lo viral seguro ya lo vieron: una parodia donde el reconocimiento a la grandeza de la sonorense fue enmarcado por la humildad de la juez. En efecto, no es una Valeria Lynch, no es una Amanda Miguel: Yuridia es Yuridia. No me despido sin celebrar la determinación de un juez sobre la denuncia que enfrenta Eduardo Yáñez. Inocente del cargo que una reportera le quería endilgar: robo de celular. Más allá del incidente que está documentado en video, aquí es medular una cosa: la intención velada en el asunto. Fue la abogada que intentó denunciarlo por violencia meses antes quien patrocinó este numerito. Pero el juez parece que ve De Primera Mano o de perdida lee la TVNotas, porque fue tajante. Seguro agotarán instancias, o sea, aventarán más lana al tema, pero el abogado de Lalo, Joan García, vaya que desquitó cada centavo al demostrar que Yáñez no es ningún ladrón de celulares.
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